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  • Tren a la estación perdida

    Archivado en Noticias por adehoces, 26 de Mayo de 2008

    Al fin he terminado el primer capítulo de mi segunda novela. La voy a ir publicando en un blog aparte:

    http://www.alfredodehoces.com/estacionperdida/

    La estructura está más que definida de principio a fin, pero no descarto cambiar cosas en función de vuestros comentarios y sugerencias. Quizás profundizar más en ciertos temas, eliminar o añadir capítulos… Más o menos como sucedió con “Fuckowski, memorias de un ingeniero”.

    Tren a la estación perdida condensa en cuatro actos (otoño, invierno, primavera y verano) la odisea del emigrante que lo deja todo en busca de nuevos horizontes. El tono es similar a Fuckowski: humor y lírica a partes iguales. La diferencia fundamental es que esta novela está concebida como un todo y no como relatos independientes.

    Espero que os guste. Saludos cordiales,

    Alfredo

    El fin de la violencia

    Archivado en Relatos breves por adehoces, 15 de Mayo de 2008

    “Vamos a erradicar de una vez por todas la violencia de la sociedad”, afirmaron categóricamente cuando llegaron al poder. Se creó un ministerio formado por prestigiosos sociólogos, estadistas, empresarios y psicólogos, capitaneados por el ministro de la no violencia. Enseguida se pusieron manos a la obra.

    Observaron que había una estrecha relación entre la violencia y el consumo de alcohol. Así que, consecuentemente, el alcohol se ilegalizó. “Es un sacrificio que la sociedad debe realizar: el alcohol está estrechamente vinculado a la violencia”, dijeron. El ministerio se congratuló de haber resuelto el problema la violencia y el alcohol. El índice general de violencia apenas disminuyó un 2%, pero este dato no salió en la prensa.

    Siguieron investigando y repararon en que muchos casos de violencia se daban durante o justo despues de los partidos de liga. Consecuentemente, se prohibió el fútbol. Algunas voces disidentes insinuaron que quizás estuviesen pagando justos por pecadores. “Es un sacrificio necesario: existe un estrecho vínculo entre fútbol y violencia”, replicaron. La medida fue un gran éxito: una vez hubo desaparecido el fútbol, desapareció por completo la violencia en el fútbol. El ministro se duplicó el salario.

    Pero se siguieron dando muchos casos de violencia. Se comprobó que un 75% de las personas implicadas en actos violentos tenían por costumbre ver películas de acción y jugar a videojuegos de lucha. Consecuentemente, se ilegalizaron cine y videojuegos. Hubo quien dijo que quizás se estaba incurriendo en una falacia del recíproco: a lo mejor las personas violentas tenían preferencia por la violencia en el cine o en los videojuegos. “Es un perjuicio necesario, ampliamente compensado por un bien mayor”, repondieron. Afortunadamente para la sociedad, no se volvieron a dar casos de violencia inducida por videojuegos o películas. Los presupuestos del ministerio de la no violencia se incrementaron en un 175%.

    Por alguna oscura razón, las personas seguían agrediéndose unas a otras. Se investigó, y se observó que en casi la totalidad de los casos exisitía una discusión previa a la violencia. En consecuencia, discutir se ilegalizó. “Es un pequeño sacrificio necesario para los individuos y un gran paso para la sociedad”, se dijo.

    Así que la gente trabajaba y callaba y se iba a casa, y nunca discutía, ni bebía, ni iba al cine ni al fútbol ni jugaba a videojuegos. Se sentaban en la cama y miraban al techo hasta que volvía a sonar el despertador. Pero por algún motivo, dia sí día también alguien se levantaba de su silla de oficina y sin decir nada la emprendía a golpes con un compañero. A veces dos conductores se cruzaban la mirada en un semáforo y acto seguido salían de sus coches y sin mediar palabra se rompían todos los dientes a puñetazos. Hubo un caso de un kioskero que le rompió en la cabeza a un cliente una botella de agua mineral.

    Estos casos aislados de violencia (apenas ya un escaso 97% de los existentes antes de implantarse las exitosas medidas) fueron investigados a fondo por el equipo de expertos del ministerio. Después de entrevistar a los detenidos, los psicólogos hallaron que la práctica totalidad de los implicados en casos de violencia eran profundamente infelices. Odiaban sus vidas, sus esclavizantes trabajos, sus míseros salarios, la permanente congestión del tráfico en la ciudad, los elevados intereses de sus hipotecas, la inflación, la amenaza del desempleo, la contaminación, las largas listas de espera de la seguridad social. Esto les sumía en un estado de permanente frustración que a veces se manifestaba de forma violenta. Además, muchos de ellos pensaban que el gobierno no lo estaba haciendo bien.

    Los psicólogos concluyeron que había que erradicar la infelicidad. Consecuentemente, la infelicidad fue ilegalizada, al estar estrechamente relacionada con la violencia. Ser infeliz pasó a ser un delito, y se consideró agravante el estar en desacuerdo con el gobierno, “pues cuando se dan ambos factores simultáneamente, la violencia está garantizada”. Para cuando la policía hubo terminado la primera redada, el 42% de la población había sido encarcelada acusada de infelicidad. Algunas voces disidentes pensaron que esto era una medida injusta, pues no todos los infelices eran necesariamente violentos. Estas personas fueron también encarceladas, acusadas de infelicidad con el agravante de estar en desacuerdo con el gobierno.

    Los costes del encarcelamiento de casi la mitad de la población se sufragaron subiendo los impuestos a la otra media. Esta medida hizo infelices a algunas personas, que fueron encarceladas para evitar nuevos brotes de violencia. El resto fueron felices y comieron perdices.

    Todoposes

    Archivado en La fabulosa sociedad de consumo por adehoces, 7 de Mayo de 2008

    Cuando atravesó las puertas del establecimiento una melodía electrónica reprodujo las campanadas del Big Ben. Ante él quedó un larguísimo pasillo con docenas de estanterías repletas de pequeñas cajitas de diferentes colores y tamaños. Sobre cada repisa había un cartel que indicaba la categoría: música, cine, pintura, política, arquitectura, deportes, filosofía, y un larguísimo etcétera. Echó un vistazo rápido y sintió algo de vértigo; no sabía ni por donde empezar. Pero tenía que asegurarse de acertar. Tenía que quedar bien en la reunión de antiguos alumnos.

    Escogió una caja al azar. Era de color azul. En la tapa, en letras blancas, podía leerse “Neoliberalismo Incipiente”. No tenía envoltorio de plástico, así que supuso que podía ojear su contenido. Abrió la cajita y se encontró con un pequeño folleto, que leyó por encima. “Sorprenda a propios y extraños con este fantástico kit neoliberal. Proyecte una imagen de tipo fuerte y adinerado, de macho alfa de la manada”. Bajo el folleto encontró veinte o treinta fichas plastificadas con diversos textos y dibujos de personas con distintos gestos. Le gustó en particular una que mostraba un señor con bigote y chaqueta apuntando con el dedo índice en pose indignada. Al pie de la ficha podía leerse en letras grandes “¡Aún hay demasiado intervencionismo de estado!”

    -¿Puedo ayudarle, caballero? -le dijo el dependiente, un señor alto que vestía un impecable traje azul.

    -Sí, por favor. Es mi primera vez y no sé exactamente cómo funciona esto.

    -Faltaría más, caballero -le dedicó su mejor sonrisa y prosiguió-. Es muy sencillo: cada kit contiene una descripción de la pose en cuestión y sus ventajas estéticas, diversas fichas con argumentos siempre acompañados de una representación gráfica, algunos golpes de efecto, varios consejos, y la siempre imprescindible carta de órdago. En todos se indica el tiempo aproximado que necesitará para llegar a dominar la pose. Usted simplemente escoge el kit que mejor le venga, paga en efectivo o con tarjeta y si quiere se lo lleva puesto. Si no queda satisfecho le devolvemos su dinero, siempre que sea en los diez días siguientes a la compra.

    -¿Carta de órdago?

    -Sí, le pongo un ejemplo. Veamos… Esta misma servirá -cogió una caja verde de la estantería superior y la abrió-. Progresista multicolor. Abrimos la caja y en el folleto explicativo encontramos la descripción: “Adelántese a todos en pensamiento con el kit progresista multicolor. Pro legalización del cannabis, vegetariano, poeta y pintor a tiempo parcial, benefíciese de una imagen culta a la par que bohemia y un irresistible halo de misterio. Tiempo estimado de preparación: cuatro horas”. Las fichas blancas contienen los argumentos, por ejemplo ésta -le mostró una ficha con un dibujo de un joven melenudo y sonriente que se tocaba el corazón con ambas manos-. Usted adopta el gesto y repite el texto que figura al pie: “la vida no es más que poesía”. O ésta otra: “consumir hachís es más natural que comer carne”, o éstas: “fumar en pipa es expresión cultural”, “la pintura es la gastronomía del alma”. Como se indica en el folleto explicativo, en unas cuatro horas debería tener dominados todos los gestos. Las fichas amarillas contienen golpes de efecto; son parecidas a los argumentos pero más potentes. Se recomienda usarlas sólo en discusiones acaloradas, y siempre con moderación -le enseñó una ficha amarilla con una cara sonriendo de medio lado y la leyenda “si todos fuéramos como tú, aún estaríamos en el medievo”-. En la contraportada del kit encontrará algunas sugerencias: “se aconseja acompañar el kit de unas gafas negras de pasta y unos calcetines a rayas de colores (de venta por separado)”, “leer un libro en un lugar concurrido y ruidoso potencia el efecto de este kit”. Y por último, y únicamente para situaciones extremas, la carta de órdago -sacó del fondo de la caja una carta roja-. El órdago se emplea como último recurso y tras su uso se recomienda abandonar cualquier conversación -leyó la carta: “perdone sargento, no sabía que estuviésemos en un campo de concentración”.

    -Ah, ya veo. Muy completos estos kits, oiga. Si le parece, voy a seguir ojeándolos…

    -Faltaría más, mire cuanto desee. Al fondo a la derecha, junto a la sección de atrezo, encontrará los probadores.

    -Muchas gracias.

    Siguió rebuscando por entre las estanterías y se decidió por cuatro kits: “Joven Entrepreneur, el sabor informal del éxito”, “Espíritu Zen, alma profunda de cristalinas aguas”, “Escritor Maldito, un genio para el que la sociedad no está preparada” y “Cuasientrenador de Fútbol, gran estratega deportivo”. En la sección de atrezo se hizo con unos cuantos artículos según las sugerencias de las contraportadas. Luego entró al probador.

    “Desconcierte a todos con misteriosos talentos: olfato financiero, mago de los negocios. Porque se puede mirar por encima del hombro de una chaqueta de pana”, decía el folleto del kit Joven Entrepreneur. Se puso el reloj deportivo sugerido y probó un par de gestos. “Yo es que, sencillamente, no puedo estar sin hacer nada”, dijo ensayando una expresión de pícara modestia. Le gustó lo que vio en el espejo. Cogió otra de las fichas blancas e imitó la expresión alegre y desafiante: “cada vez que me embarco en un nuevo proyecto es como si volviera a nacer”. Probó uno de los golpes de efecto: “ya, también se rieron de Julio Verne”. También probó la carta de órdago: “mira, déjalo, está claro que en este país lo único que no se perdona es el éxito”. Sí, esa pose le quedaba bien.

    Acto seguido se probó la pose de escritor maldito, que aconsejaba llevar la camisa por fuera, una botella mediana de vodka en una mano y un paquete de tabaco negro en la otra. “Para mí, escribir es una necesidad fisiológica como comer o cagar”, se dijo al espejo con expresión lánguida. Ensayó otras cuantas: “mi literatura no tiene precio; si una editorial me hiciera una oferta, me estaría insultando”, “me dí a la bebida para intentar dejar la literatura”, “en mis novelas la vida y la muerte siempre acaban follando”, “a veces mis personajes cobran vida propia y tengo que matarlos para que no se adueñen de mi vida”. El folleto indicaba que el kit proyectaba una imagen de genio torturado que no dejaría indiferentes a las mujeres. Pero no le gustó mucho ese kit.

    Espíritu Zen aconsejaba la ingestión de un Lexatin antes de cada uso y venía con un colgante del Ying Yang de regalo. Prometía una imagen de tántrica sensualidad apoyada en fichas como “el aura de esta habitación es muy pura” (mirando al techo con los brazos extendidos) o “tus miedos forman un dique que no deja fluir tu ser”, y golpes de efecto como “encantado de conocerte, creo que mi karma me acaba de recompensar por toda una vida de buenas acciones”. La carta de órdago le pareció especialmente sugerente: “pobre, tu corazón está ciego; no hay peor cáncer para el alma que el escepticismo”.

    Se estaba probando el kit de Cuasientrenador de Fútbol cuando apareció el dependiente.

    -¿Qué tal, caballero?

    -Pues mire, un poco indeciso. ¿Qué tal me queda el Cuasientrenador?

    Apretó los labios, señaló al dependiente con un dedo índice tembloroso y dijo:

    -¡Escúchame bien lo que te digo, quitar a Mendizábal es la única opción, y cuando digo la única quiero decir la única, de subir a primera!

    -Mmm, yo diría que le queda estupendamente. Es un kit ideal para lucir los domingos en bares y restaurantes.

    -Ya veo. El caso es que gustarme me gusta, pero yo buscaba algo un poco más… No sé, quizás algo más moderno.

    -¿Es para temporada o para algún evento concreto?

    -Pues para una fiesta de antiguos alumnos. Es una ocasión muy especial; tiene que ser algo original, joven, fresco, de mucho éxito e inteligencia.

    -No me diga más, caballero. Sección de informática.

    -Uy, pero esos, ¿no serán muy difíciles de dominar?

    -¡En absoluto! La nueva gama de poses 2.0 está especialmente diseñada para profanos. Apenas cinco horas para dominar el kit más difícil.

    -Vamos a probar, pues…

    -Faltaría más. Espere aquí mismo, le traigo dos kits que no le dejarán indiferente.

    Volvió el dependiente con dos cajitas blancas con letras de color naranja. Abrió la primera.

    -El kit “Ideólogo 2.0″ proyecta una imagen de elegante y exitoso tecnólogo que le convertirá en el centro de atención de cualquier reunión. El ideólogo está por encima de cualquier otra profesión de éxito. Políticos, actores, pilotos, arquitectos, todos ellos se ocupan del presente; pero el ideólogo emplea su inteligencia en sentar las bases del futuro. Se recomienda abusar del pronombre personal “yo” y de los adverbios terminados en mente. Tenga, póngase el atrezo y pruébese algunos argumentos…

    Cogió los gemelos de plata que le ofrecía el dependiente y se los puso en los puños de la camisa. Tomó unas cuantas fichas de la caja y ensayó la primera:

    -El consumidor del futuro es puramente asíncrono y fuertemente participativo; yo os aseguro que en verdad todo modelo de negocio no basado en contenidos bajo demanda y feedback abierto quedará irremediablemente obsoleto -dijo, frunciendo el ceño y pellizcándose la barbilla.

    -¡Oh, espléndido! -respondió el dependiente.

    -Ayer precisamente estuve en unas interesantísimas jornadas sobre blogs, charlando amigablemente sobre la relevancia de la conversación distribuida en los periodos de reflexión electorales…

    -¡Oh la la, se magnifique!

    -Ya dije yo premonitoriamente en su momento que las aplicaciones online irían convergiendo paulatinamente hacia un núcleo común integrado fuertemente.

    -¡¡¡Bravo, bravíssimo!!!

    -Pues mire, no sé… La verdad es que éste me hace sentir ligeramente gilipollasmente. ¿No tendría algo un poco más… sutil?

    -Caballero, puedo asegurar y aseguro que si no queda satisfecho con el especial de la casa, es que usted es una de esas pobres personas que van por ahí sin una opinión. Este kit es una auténtica revolución, se está vendiendo como rosquillas.

    El dependiente abrió la segunda caja con gran aire de misterio.

    -Esta pose tiene poder suficiente como para hacer sombra a cualquier otra. Y no requiere gastos adicionales de atrezo; bastan unos vaqueros, unas deportivas y una camisa de alguna distro extraña de Linux. Si no se peina usted mucho, mejor. Le presento el kit “Talibán Linuxero de Software Libre”. Le leo la descripción: “rezume inteligencia, eficiencia, altruismo y compromiso social a partes iguales con el kit TLSL. No importa a qué se dediquen los demás: si no hacen lo que hace usted, es porque son o demasiado torpes o demasiado egoístas. Deje claro que si usted no tiene más éxito es simplemente porque no le da la gana: su alma es demasiado pura”

    -Ohhhh…

    -Genial, ¿verdad? El punto fuerte de esta pose es que no se centra en usted, sino en los demás. ¿Su amigo trabaja en una gran multinacional de desarrollo? Es un sicario del imperio del software privativo. ¿Es un exitoso escritor o músico? Se ha lucrado con un modelo de negocio opresivo y caduco basado en coartar la libertad del usuario a disfrutar de la cultura. ¿Tiene un PC con Windows XP? Es un usuario de segunda cuya ignorancia refuerza los cimientos del imperio del mal. ¿Ve lo que le digo? Desde la perspectiva TLSL, todo lo que no sea darse de alta como autónomo para desarrollar pequeñas aplicaciones en Pimientos++, es simple y llanamente fascismo. ¿No es ideal?

    Se le iluminó la cara. Con esto sí que iba a pegar el campanazo en la reunión de antiguos alumnos.

    -Fascinante. ¡Deme, deme que me lo pruebe, por dios!

    Le arrancó la caja de las manos al dependiente y se hizo con las fichas.

    “El otro día metí por error un CD de Windows XP en mi portátil con KNutix y me saltó el firewall”, le dijo al espejo. “Un bit no es sólo una unidad de información: es una unidad de libertad”. “Pero hombre de dios, ¿cómo que el usuario no debería tener que aprender a manejar su sistema operativo? ¿Acaso no tiene que sacarse un permiso de conducir para manejar su coche?”. “Hoy por hoy, lo único que no puede hacer KNutix es pensar por el usuario. Pero todo llegará :)”. “Hombre, trabajar con Photoshop no está mal, pero lo mejor es retocar las imágenes desde consola con el intérprete de Phyton que viene con KNutix”. “¿Y tú qué, sigues secuestrando tus canciones para que te paguen rescate?”. “¿Virus? ¿Qué es un virus?”. “Vaya, así que ya tienes todas las certificaciones Java. Pues ahora que te queda tiempo para aprender a programar, te puedo dar un curso acelerado de Pimientos++”.

    Un agradable hormigueo le recorrió todo el culo. Aquello era grande, muy grande. Tuvo ganas de tatuarse aquellas frases por todo el cuerpo. Ah, qué dulce sensación de superioridad.

    El kit TLSL y las tres camisetas verdes con el logo de KNutix le costaron cuatrocientos euros, que pagó gustoso. Salió disparado a la calle a estrenar su nueva imagen. Miró a su alrededor y se entristeció: estaba rodeado de idiotas. De pronto sintió la imperiosa necesidad de comentar en Barrapunto.

    El mundo era un lugar muy triste. Casi todas las personas vivían aún en el medievo digital. ¿Y quién sino él podría sacarlas de las oscuridad? Ah, qué gran responsabilidad la de aquel que se adelanta en pensamiento. Qué pesada carga ha de soportar quien ya ha salido de la caverna y se siente obligado a liberar las almas que permanecen encadenadas. Sí, a él le había correspondido el solitario destino del héroe que debe sacrificarse por la humanidad. Él solo habría de enfrentarse a las fuerzas del mal y traer luz a las tinieblas. Él solo habría de cambiar el mundo.

    Llegó a casa, y se hizo un blog.

    Extensión para Firefox de YDigoYo.com

    Archivado en Noticias por adehoces, 5 de Marzo de 2008

    Cortesía de mi amigo Juanra llega la extensión para Firefox de YDigoYo.com, que permite visualizar el numero de comentarios asociados a la URL que se visita en la barra de estado del navegador. Más información aquí:

    http://ydigoyo.com/extension

    Gracias, Juanra, tómate lo que quieras…

    YDigoYo.com, comentarios libres en cualquier parte

    Archivado en Noticias por adehoces, 3 de Marzo de 2008

    ¿Estás harto de los blogs con comentarios cerrados o pseudo-abiertos donde las opiniones críticas son censuradas? ¿Te gustaría opinar libremente o acceder otras opiniones sobre cualquier URL de internet sin excepción, ya sea un post en un blog, una oferta de trabajo, una entrada en Twitter, una noticia de un diario, un producto de Eroski o un perfil de usuario?

    Me llena de orgullo y satisfacción poder presentaros YDigoYo.com. Es un servicio simple pero bastante útil; se trata de una modificación de Wordpress que permite añadir comentarios a cualquier URL de internet con un solo click.

    ¿Cómo funciona?

    1. Arrastra el siguiente enlace a la barra de marcadores de tu navegador: [YDigoYo]
    2. Accede a cualquier página de internet, por ejemplo ésta
    3. Pulsa el enlace [YDigoYo] de la barra de marcadores para acceder a los comentarios sobre la página
    4. Regístrate en YDigoYo.com para poder añadir comentarios (registro necesario para evitar el trolling indiscriminado)
    5. También puedes acceder a la portada de YDigoYo.com para ver las páginas más comentadas, mejor valoradas, etc.

    Para facilitar el intercambio de enlaces a páginas con sus comentarios asociados, YDigoYo genera URLs cortas, como por ejemplo http://ydigoyo.com/99

    Y nada más. Implementar el servicio me ha costado un par de noches, así que aún está en versión alfa. Se agradecen opiniones, sugerencias, notificaciones de bugs, etcétera.

    Espero que os resulte útil. ¡Saludos a todos!