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    El Zen del éxito profesional en 20 actos

    Fuckowski, memorias de un ingeniero · Por adehoces, 24 de Mayo de 2005

    1

    Terminó la tercera serie de abdominales y se metió en la sala de rayos uva. Se miró al espejo, y entonces supo que el puesto sería suyo.

    Tenía una reunión al día siguiente. La corporación necesitaba un arquitecto con experiencia en filostros para el proyecto ShopMaster. Él había participado en varios proyectos de superficies cuadrúpedas.

    El puesto tenía un nombre: Minglanillas. Arquitecto. El arquitecto Minglanillas. Buenas tardes, soy Minglanillas, el nuevo arquitecto.

    Mientras le decía esto a su reflejo, ensayó un gesto de modestia, de condescendencia, dejando clara su posición de superioridad y a la vez abriendo un canal informal, de tú a tú. Llevó su mano izquierda, bien abierta, a la altura del pecho y la bajó lentamente con un giro (…arquitecto…), como si acariciase su ego. Era un gesto muy metrosexual, con estilo. No podrían resistirse.

    Minglanillas sospechaba que tenía un don.

    Durante el baño de rayos uva soñó despierto. Se vio enfundado en un traje negro junto a un flamante descapotable rojo; el sol hacía brillar su tarjeta de identificación nueva. Él abría la puerta del coche y hacía entrar a una rubia.

    Se duchó y se fue a casa. Se metió en la cama y leyó un capítulo entero de la Guía Zen del Éxito Profesional. El mensaje era claro: no basta con ser el mejor, también hay que parecerlo. Estaba a punto de quedarse dormido cuando reparó en algo que había pasado por alto: para la tarjeta de identificación necesitaría una foto nueva.

    Era hora de cambiar de peinado.

    2

    Despertó a las 6:00. Se dio una ducha y se afeitó.

    ¿Cómo se peina un arquitecto? ¿Sobrio con un toque informal? ¿O quizá informal, como los genios, pero con un toque de elegancia que sugiera respeto por el deber?

    Probó varias combinaciones; usó agua, gomina, laca, peine, cepillo. Al final optó por un peinado sin raya, muy formal alrededor de la cabeza, y un poco alocado y chisporroteante por la parte de arriba. Parecía un sobrio ejecutivo que no dejase de tener chispeantes ideas. Era perfecto.

    3

    -Es usted uno de los mejores, señor Minglanillas. Su expediente es intachable, su actitud es un ejemplo para todos -dijo el señor Smith. Se pasó la lengua por la encía superior emitiendo un chasquido, y siguió:

    -No hay más que mirarle para darse cuenta de que es usted serio, responsable, y con buenas ideas. Es el candidato ideal para el puesto. Esta es una gran oportunidad para su carrera, ¿se ve capacitado para afrontar el reto?

    Era el momento. Ahora o nunca. Dijo:

    -Considero que tengo el perfil adecuado -levantó la mano e hizo el gesto-, pero usted sabe mejor que nadie si estoy o no capacitado.

    Mostrar confianza en sus superiores. Era otro de los principios de la Guía Zen del Éxito Profesional.

    -Yo apuesto por usted, señor Minglanillas. Será el Pretending Architect de ShopMaster. El lunes le desplazaremos a la capital.

    El pretending era una de las innovadoras medidas introducidas en la corporación por el señor Smith. Antes de ser ascendido, cada empleado pasaba una temporada no inferior a seis meses desempeñando las nuevas funciones sin modificación de su contrato. Esto incrementaba la velocidad de reacción de la empresa, pues en caso de urgencia se podía disponer de nuevos perfiles sin necesidad de pasar por los siempre engorrosos trámites de Recursos Humanos. Además motivaba a los empleados, pues durante el periodo pretending tenían que demostrar su valía para el nuevo puesto. Sentían que ya casi tenían el ascenso y se dejaban la piel.

    Aún había una tercera ventaja: al cliente se le cobraban las horas al precio del puesto desempeñado, y al empleado se le pagaban al precio del que aún figuraba en su contrato. El 70% de la plantilla trabajaba en modalidad de pretending, lo que significaba un sustancial ahorro en salarios y un jugoso incremento de los bonus mensuales de la directiva. Había empleados que pasaban al borde del ascenso más de dos años. El señor Smith era un genio de los negocios.

    Minglanillas aceptó sin dudarlo. Todo gran avance implica un gran sacrificio.

    El señor Smith hizo unas llamadas.

    -Ya tiene habitación reservada. Le estamos preparando la tarjeta de crédito, su nueva identificación, y el kit de viaje. Enhorabuena -le tendió la mano.

    -Es un honor. No le defraudaré.

    Minglanillas estrechó la mano del señor Smith.

    -Estoy seguro de ello. Ah, se me olvidaba. Llévese mi Business Card. Ante cualquier eventualidad, tiene línea directa conmigo.

    Línea directa. Minglanillas ya vislumbraba la dorada luz de las altas cumbres.

    4

    El vuelo se le hizo muy corto. Apenas tuvo tiempo de revisar unos PDF’s. ShopMaster; el más novedoso centro comercial jamás construido. Fondos públicos. Proyecto adjudicado por unanimidad a TeddyBear Consulting. Finalizada fase de cimentación. Comenzando fase de diseño. Pretending Architect: Minglanillas. Support Analyst: Fuckowski.

    Minglanillas tenía que diseñar el edificio. Cerró los ojos, dejó la mente en blanco y trató de visualizar los planos. Sin darse cuenta, se metió la mano en el bolsillo y acarició la tarjeta del señor Smith.

    Solo consiguió ver un descapotable rojo y un pendón en minifalda. El piloto indicó que iban a proceder al aterrizaje. Se ajustó el cinturón de seguridad, procurando no arrugarse la camisa.

    A la media hora abandonaba el aeropuerto, con la pequeña maleta en una mano y el paraguas de empresa en la otra.

    Paró un taxi y preguntó al conductor:

    -Disculpe, ¿se puede pagar con tarjeta corporativa?

    -¡Suba, amigo…!

    Entró al vehículo, indicó al conductor la dirección del hotel y sacó unos cuantos documentos de la maleta.

    -En viaje de negocios, ¿eh?

    -Bueno, sí, me quedaré dos meses. Es un proyecto muy importante; yo soy el arquitecto.

    Había soñado tantas veces con pronunciar esas palabras… era un gran momento. Una gran cagada de paloma se estrelló contra la luna delantera.

    -Me cago en la leche. Estos bichos parece que lo hagan aposta, amigo…

    Minglanillas miró al cielo a través del cristal e intentó de nuevo visualizar los planos. El taxista accionó el limpiaparabrisas y la mierda de paloma fue esparcida por toda la luna.

    Cuando se hubo disuelto la cagada Minglanillas estaba inmerso en sus documentos. Gráficas, análisis de requerimientos, comparativas de sinergias y simulaciones 2D.

    A fin de cuentas toda la fachada estaba ya diseñada y el suelo totalmente cimentado. Sólo faltaba lo de dentro; tenía que ser trivial.

    Llegaron al hotel. Era de cinco estrellas.

    -Pues ya estamos. ¿Le hago un recibo, amigo?

    -Sí, por favor -le pasó la tarjeta al conductor.

    -Hay un par de clubs interesantes por la zona, por si se aburre el fin de semana -el taxista le guiñó un ojo.

    -Bueno, los fines de semana vuelo a casa.

    -¡Coño! ¿Todos los fines de semana?

    -Pues sí…

    -¡Vaya, amigo! Aviones, hoteles, tarjeta de crédito… ¡debe usted estar forrado!

    -Bueno, no nos podemos quejar. Esto… ¿no le sobrará un cigarro?

    -Sí, cómo no -el taxista le pasó un pitillo al arquitecto.

    Se puso el cigarrillo en la boca, cogió el recibo, su maleta y su paraguas y se encaminó al hotel. Justo cuando el taxista arrancó, Minglanillas se dio cuenta de que no tenía fuego.

    5

    A las diez llegó al complejo ShopMaster. Mostró su identificación a la recepcionista, una rubia de ojos azules y sonrisa de porcelana. Charló un rato con ella, y luego cruzó las instalaciones a la búsqueda de las oficinas.

    Gente yendo y viniendo, grúas, tractores, cables, ruido. Por todas partes se respiraban prisas. De pronto Minglanillas sintió pánico; todo aquello le pareció una especie de enorme monstruo metálico que amenazaba con devorarle, y lo único que tenía para defenderse eran unos rollos de papel en blanco.

    El éxito es de los valientes. Trató de combatir el miedo repitiéndose la frase una y otra vez, pero no funcionó. Atravesó rápidamente el bullicio sin dejar de mirar su reloj y se perdió entre las múltiples oficinas prefabricadas que Teddybear había habilitado en el solar.

    Necesitaba esconderse un rato, relajarse, meditar, ponerse a punto. Revisar la guía Zen. Pero al llegar a la puerta de su despacho, alguien le estaba esperando.

    -¿Minglanillas? -preguntó el tipo. Llevaba un abrigo largo, negro. Se había aflojado el nudo de la corbata y desabrochado el cuello de la camisa. Parecía serio, pero se le adivinaba una sonrisilla un tanto pretenciosa. Con esa pinta oscura, tenía que ser uno de esos fanáticos de Matrix. O peor aún, un Jedi.

    -Sí, soy Minglanillas, el arquitecto -ejecutó el gesto.

    El oscuro observó el gestoarquitecto y sonrió de medio lado.

    -Fuckowski, el pito del sereno -dijo, haciendo una exagerada reverencia.

    Así que ese cretino era el tal Fuckowski, el programador maldito. Había oído hablar de él. Batía todos los records de actitud negativa, pero por algún motivo no le despedían. Al parecer, técnicamente era bueno, así que la empresa simplemente le toreaba.

    -Encantado -dijo Minglanillas, incómodo.

    -Igualmente. Espero que tengas listos los planos, acabo de terminar con los cimientos y tengo que pasar a la siguiente fase.

    Los planos no eran ningún problema, solo le hacía falta un poco de tiempo.

    -Los planos… sí, ahora mismo están en fase de conceptualización.

    -¿Cómo que “conceptualización”? ¿Quieres decir que aún no son un concepto? O sea, ¿que no tenemos nada?

    Pues sí que era negativo el tipo. Nada más empezar, y ya estaba montando el numerito.

    -Los planos estarán listos en breve -dijo Minglanillas, con aire autoritario.

    -En breve. Pues mientras llegan los planos, ya me dirás que hacemos con los albañiles. ¿Los mandamos a casa hasta que tengan algo que hacer?

    Eso nunca, se dijo Minglanillas. ¿Qué dirían en la corporación si se enterasen de que los recursos humanos habían abandonado la obra y se habían ido por ahí a hacer el vago, como si fueran un puñado de hippies?

    -Aquí nadie puede estar sin hacer nada. Que vayan adelantando trabajo.

    -A ver. El problema es muy simple. Tenemos unos cimientos, unos albañiles, y un puñado de ladrillos. Hay unos documentos donde se relacionan las tres cosas; indica al albañil “A” el punto “X” donde colocar el ladrillo “Z”. Los planos. Cuando me entregues los planos, asignaré a cada albañil sus tareas. No hay planos, no hay trabajo.

    El tal Fuckowski dibujaba pequeños esquemas en el aire mientras hablaba. Ese tipo se creía muy listo, con sus ideas simplonas; se notaba que nunca había derivado un forlayo. Minglanillas estaba visiblemente molesto.

    -Ya he dicho que los planos estarán en breve. Mientras tanto, que se dediquen a la autoformación -dijo Minglanillas, haciendo ademán de entrar al despacho. Quería dar la conversación por terminada.

    -¿Autoformación? ¿No se te olvida un “pequeño” detalle? Todos nuestros albañiles son becarios; se les paga una mierda porque, en teoría, aquí les enseñamos a hacer las cosas. Decirles que aprendan solos es reírse de ellos; no seré yo el que se lo sugiera.

    Carajo. ¿Habría algo a lo que aquel tipo no pusiera pegas? Minglanillas intentaba imaginar el motivo de esa actitud tan negativa. Tenía que ser odio, frustración… o envidia. Eso, seguro que era envidia. Ese tío no tenía ningún estilo, no había más que mirar su peinado. Era uno más del montón, y la única forma que encontraba de llamar la atención era con sus protestas. Ah, ese Fuckowski le caía mal, pero que muy mal. Era un muro interpuesto entre él y su ascenso, iba a tener que derribarlo como fuera.

    -Mira, todos estamos en el mismo equipo. Tenemos que cooperar. Yo voy a trabajar duro con los planos. Vosotros id empezando la construcción de la forma habitual.

    -¿¡¡La forma habitual!!? Mira, según tengo entendido, ShopMaster incorpora novedosas técnicas de derivación de filostros, y nosecuantas filigranas más de quinta generación. Yo de filostros no entiendo, te lo filostreas tú y a mí me hablas en el lenguaje de los ladrillos. Y te digo otra cosa: mi análisis técnico está estimado en dos semanas. Hoy es lunes 4; el Lunes 18 empiezo mis vacaciones. Tú te puedes retrasar con los planos si quieres, pero yo no voy a retrasar mi viaje a Suiza. Ya tengo los billetes.

    Minglanillas no podía soportarlo más. Entró al despacho y dijo:

    -Fuckowski, vas a tener que aprender a confiar en tus superiores.

    -Hazme un favor. Conmigo deja los mandamientos de la biblia profesional del todo a veinte duros. Yo soy ateo.

    Se oyó un fuerte portazo y un silencio blanco se apoderó de todo. Blanco como los planos de ShopMaster.

    6

    El martes a primera hora recibió Minglanillas un correo del señor Smith solicitando un status report. Minglanillas empezó a sudar. Le presionaban por todas partes, y encima ese Fuckowski… así no se podía trabajar.

    Lo intentó con el viejo método de la patata caliente. Hizo un forward del mail del señor Smith a fuckowski@teddybearconsulting. A los diez minutos recibió un mail en blanco. El asunto decía:

    >>Vigila tu Chotus Notes, que se te están escapando los correos.

    Vaya. Encima el tipo se creía gracioso. Desde luego que no le faltaba un detalle; era el perfecto gilipollas.

    Los planos, los planos, los putísimos planos. A ver. Vamos a empezar por lo fácil. Minglanillas se quedó mirando la simulación 2D de la fachada de ShopMaster largo rato. Finalmente envió un correo:

    A: Fuckowski
    Asunto: Primer bloque de análisis funcional

    Componente: Tejado
    Dimensiones: Idénticas a los cimientos
    Color: Rojo
    Inclinación: 30 grados
    Impermeabilización: Estándar

    Realícese el análisis técnico a la mayor brevedad.

    Luego envió otro correo al señor Smith:

    Status: Iniciado análisis funcional.
    Solapando análisis técnico.
    El proyecto avanza suavemente.

    Suavemente. Sugería un avance a velocidad reducida, pero sin problemas. Indicaría al señor Smith que debía disminuir la presión, para no correr el riesgo de provocar un avance brusco. Estaba claro, Minglanillas tenía un don.

    Recibió otro correito jocoso del Fuckowski.

    >>Pues nada, empezaremos la casa por el tejado

    No le importó; ShopMaster era pan comido.

    Bueno, estamos en racha. ¡Vamos a por lo de dentro! Veinte tiendas. Bien, diseñamos una tienda, y copypaste. Tirado. La cuestión es: ¿cómo mierda se hace el análisis funcional de una tienda? Ese capullo de Fuckowski seguro que lo sabía. Pero claro, no cooperaría, por mucho que Minglanillas se lo pidiera.

    A no ser que…

    7

    En recepción, Clarisa discutía acaloradamente con Álvaro.

    -Es que ya no es como antes -decía ella-. Ya casi no salimos, no nos divertimos…

    -Pero cariño, esto es temporal… en cuanto esté acabado este maldito ShopMaster, me harán finalmente coordinador de mantenimiento, dejaré de ser pretending y se acabará el echar horas, estoy seguro. Entonces todo volverá a ser como antes.

    -¿Te das cuenta de que llevamos así casi un año? Yo lo único que sé es que nunca tienes tiempo para mí. ¡Le prestas más atención a ese husky siberiano!

    -Amor, ya me gustaría a mí no tener que trabajar doce horas al día, ni tener que venir a éste puto sitio los fines de semana. Pero es esto, o la calle. Es un proyecto de vital importancia para todos, según dicen. Y a Tara le dedico justo la atención que requiere, el resto de mi tiempo es tuyo…

    Clarisa no parecía prestar mucha atención. Se colocaba una y otra vez los rubios cabellos detrás de las orejas con la mirada perdida.

    -Creo que me he equivocado contigo. Tú no tienes ambición.

    -¿¡QUE!? -a Álvaro se le hincharon las pelotas- Pero, ¿se puede saber a qué viene eso? Oye, que tú eres recepcionista, eh…

    -¡Ya estás otra vez! ¿Qué pasa, que no soy suficientemente buena para ti? ¿Por eso me hiciste ir a esa gilipollez de curso, no?

    -Yo no he dicho eso. Es sólo que no es justo que te comportes como una princesita; todos tenemos que arrimar el hombro. Yo estoy más jodido que tú.

    Era inútil, habían tenido la misma discusión cientos de veces. Él no tenía más remedio que aguantarse con su situación laboral; ella tenía serias dificultades para ver las cosas desde otro punto de vista que no fuera el de su propio bienestar.

    Clarisa se quedó pensando que en realidad él no era el tipo de hombre que ella necesitaba. A ella le iba más alguien que estuviera por encima de toda la mierda, un triunfador, alguien con estilo.

    En respuesta a su plegaria, sonó el teléfono.

    -TeddyBear Consulting, división Shopmaster, dígame…

    -¿Clarisa? Le habla Minglanillas, el arquitecto… Escuche, veo en su ficha que tiene usted un curso de desarrollo. Necesito a alguien para hacer un trabajito… puede ser una buena oportunidad. ¿Alguna vez se planteó ser consultora?

    Quedaron a las 19:00 en el despacho de Minglanillas. Clarisa se disculpó con Álvaro; había surgido un imprevisto y tenía que preparar unos documentos. Le acompañó a la puerta, le despidió con un frío beso y volvió a la mesa.

    Al sentarse, resbaló en la silla y casi cayó al suelo. Tenía el chocho hecho agua.

    8

    Se encaminó al despacho de Fuckowski intentando recordar todo lo que le habían explicado. Estaba oscuro, era ya bastante tarde. Llovía a mares.

    Llamó a la puerta.

    -¡Adelante, está abierto! -se oyó.

    Entró a la oficina, tan sólo iluminada por una pequeña lámpara de escritorio. El tipo la recibió de pie junto a su mesa, sonriente.

    -Señor Fuckowski, soy Clarisa, ¿puedo hablar con usted?

    -Claro, cómo no. Por favor, siéntese -señaló a una silla situada en la esquina del despacho.

    Clarisa tomó asiento, se obligó a sonreír, y dijo:

    -Señor Fuckowski, como sabe soy recepcionista, pero tengo un diploma de desarrolladora. Verá, ha surgido un puesto de consultoría; quiero presentarme al examen y me gustaría aprender de usted…

    Se tocaba continuamente el pelo para ocultar su nerviosismo. Fuckowski volvió a sentarse en su mesa. Su cara quedó iluminada por la pequeña lámpara, dándole un aire tenebroso.

    -Oh… ¿Y que desea aprender exactamente? -preguntó, mirando fijamente a Clarisa.

    -Bueno, lo usual… he traído unos casos prácticos que me gustaría que resolviera.

    Clarisa le pasó un montón de papeles. Él empezó a ojearlos a toda prisa, con ademán desinteresado.

    -Si pudiera tenerlos resueltos para mañana, le estaría infinitamente agradecida… -le indicó.

    Fuckowski acabó de leer el último folio y dijo:

    -Dígale al subnormal de Minglanillas que si quiere sacarme un análisis funcional, va a tener que darme la mitad de su salario. No basta con enviarme esta mierda de especificaciones y una rubia que me toque el ego -soltó los papeles sobre la mesa.

    -¡Oh! ¡Señor Fuckowski! ¿Cómo puede usted pensar que…?

    -¿Cree que me chupo el dedo, Clarisa? ¿Qué pensaban? ¿Que me iba a poner cachondo y le iba a hacer su trabajo al de los pelos chisposos por la posibilidad de echarle a usted un polvo? -dijo, y le guiñó un ojo.

    -Me parece que es usted un paranoico, señor Fuckowski.

    -Ah, ¿sí? Pues, ¿sabe lo que me parece usted, Clarisa? ¿Sabe lo que veo tras esa sonrisa de porcelana y esos tics tan estudiados? Veo un pendón. Un pendón descerebrado que quiere aparentar clase. Trabaja usted en una gran corporación, sí, pero me apuesto que le ha costado un par de revolcones, ¿eh? Se ha tenido que comer un par de forlayos -puso la boca en forma de O, y con una mano hizo ademán de meterse algo con forma de tubo.

    Clarisa le miraba con los ojos como platos.

    -Cada tarde al llegar a casa -siguió-, se quita usted su traje corporativo, deja la tarjeta de identificación al lado del pintalabios, y se dice a sí misma que ha llegado lejos. Pero apuesto a que a veces se despierta sudando en mitad de la noche, después de soñar con los forlayos, y ahora piensa que si aprueba ese examen dejará de sentirse un pendón, y entonces los forlayos callarán para siempre…

    Clarisa se levantó de un salto y gritó:

    -¡Es usted UN MONSTRUO, Fuckowski! ¡¡Un monstruo fascista y misógino!!

    Corrió hacia la puerta.

    -¿Me escribirá, Clarisa? ¿Me enviará un mail cuando guarden silencio los forlayos?

    -¡¡¡Váyase usted a tomar por culo, desgraciado!!!

    -Hala, hasta luego Lucas.

    Salió del despacho dando un portazo y echó a correr. Sus lágrimas se mezclaron con la lluvia.

    Iría a casa a toda prisa, se daría una ducha, se tomaría un Valium y se metería en la cama. Los forlayos habían empezado a gritar de nuevo.

    9

    Minglanillas se dio por vencido. Asumió la situación y empezó a trabajar duro; grapó diferentes vistas de la simulación 2D de ShopMaster a la pared de su oficina y empezó a trazar líneas en sus papeles en blanco.

    Aquí se ven seis escaparates, pues tienen que estar separados por cuatro paredes. Aquí pongo otras cuatro, entonces en medio pongo el pasillo. Puertas. Aquí pongo las puertas. Esto irá en moqueta roja. Aquí un cuarto de baño, aquí un trastero… en este hueco pongo una columna para sostener el tejado.

    Ocho días pasó Minglanillas encajándolo todo. Envió a Fuckowski el desglose de los planos: Diez columnas, veinticinco puertas, treinta claraboyas, cuarenta secciones de pared, ciento veinte secciones de moqueta, veintidós ventanas correderas, y multitud de accesorios. Fuckowski comenzó el análisis técnico, y sugirió que se nombrara a un sustituto para cubrir sus vacaciones.

    El lunes a primera hora Fuckowski embarcaba a Zurich por la puerta A69 mientras Monchito recogía el equipaje en la cinta 13.

    10

    Monchito no tenía la más puta idea de aproximadamente nada en absoluto, pero su actitud era muy positiva. Minglanillas estaba encantado; jamás obtuvo un no por respuesta. Haz esto ahora, esto tiene que estar mañana a primera hora, esto es máxima prioridad, esto también. Monchito no rechistaba; por cada difusa especificación del arquitecto se pegaba cuatro o cinco horas navegando por la red, descargaba algún análisis técnico parecido, cambiaba medidas y cantidades, lo imprimía todo y entregaba un folio a cada albañil.

    Nunca llegaba al hotel antes de las doce de la noche. Clarisa tampoco; al terminar su turno de recepcionista se iba al despacho de Minglanillas y le ayudaba en todo lo que podía. Ellos sí que sabían lo que era el trabajo en equipo.

    Diecisiete coma dos maridos maltrataron a sus mujeres, el precio de la vivienda subió un ocho por ciento, los tipos de interés un tres, veintidós moros se ahogaron en el estrecho, Quiquito fue expulsado de la casa de Gran Hermano, y finalmente, para gloria de la humanidad, ShopMaster estuvo terminado.

    11

    Al regreso de Fuckowski estaban dándole la última capa de pintura a la fachada; había quedado idéntica a la simulación. El primer gran proyecto de Minglanillas ya era una realidad.

    Dio comienzo la fase de pruebas: Fuckowski debía inspeccionar todo el edificio y listar las más que improbables incidencias. Minglanillas le abrió las enormes puertas con una gran sonrisa, pensando: a ver qué tienes que objetar ahora, pequeña cucaracha sabelotodo.

    Fuckowski salió de allí a la hora y media con un ataque de risa histérica. Intentaba decirle algo a Minglanillas, pero no podía pronunciar palabra. Rió, lloró, se revolcó por el suelo y a punto estuvo de ahogarse.

    Le trajeron un vaso de agua, y finalmente pudo hablar:

    -Bueno, en principio tres incidencias menores. Nada, poca cosa. A) Las puertas se abren hacia fuera y bloquean el pasillo, B) no hay tuberías que desalojen los residuos, la mierda, vaya, y C) no hay instalación eléctrica. Creo que voy poner una tienda de pilas alcalinas aquí al lado; en dos meses me compro una isla en el Caribe.

    Dos palomas picoteaban a los pies de Minglanillas. La cosa estaba jodida.

    12

    La reunión de crisis duró tres horas y media. Minglanillas exigía una estimación del tiempo necesario para solucionar las incidencias, y Fuckowski sostenía que lo que necesitaban era una demoledora porque aquello no lo arreglaba ni Perry Mason. Dieron vueltas y más vueltas sobre lo mismo, hablaron de reusabilidad, refactorización, las pirámides de Egipto, los esclavos, se mentaron a las respectivas madres y se arrojaron documentos con sus pisapapeles, pero no consiguieron llegar a un acuerdo.

    Minglanillas, el Niño de las Chispas, se puso la montera y sacó el capote, y Monchito y Clarisa subieron a lomos de sus caballos con sus sombreros de picadores, pero Fuckowski (setenta y cinco kilos, ganadería de Pito del Sereno) tenía ya los cuernos retorcidos y luego de un par de verónicas abandonó la plaza sin que le pusieran ni una sola banderilla. Minglanillas dio la vuelta al ruedo y se fue a su oficina a ponerle una velita a San Cipriano.

    En la soledad de su despacho, Minglanillas abrió la guía Zen buscando iluminación. Leyó y leyó desesperadamente, pero no encontraba la respuesta. Estaba a punto de perder la esperanza cuando de entre las páginas algo cayó al suelo.

    Se hizo la luz. Era la Business Card del señor Smith.

    Con un dedo tembloroso marcó el número, respiró hondo, carraspeó, y una vez intercambiados los saludos de rigor, Minglanillas expuso la situación de la forma más objetiva que pudo.

    Fuckowski lo había jodido todo. Su actitud había sido reticente desde un principio, no había colaborado en nada, se había mostrado inflexible, se había negado a echar horas, había sido extremadamente grosero con el equipo, se había ido de vacaciones cuando más se le necesitaba, y ahora se negaba a solucionar las incidencias. Estaba cometiendo el peor de los pecados: la no creencia en el proyecto. ShopMaster corría peligro.

    La respuesta del señor Smith le heló la sangre. Minglanillas le dio las gracias, colgó el teléfono y rompió a llorar.

    Le enviaba al Escorpión Rojo.

    13

    Muchos pensaban que el Escorpión Rojo era una leyenda urbana. Todos habían oído hablar de él, pero pocos lo habían visto.

    El martes a primera hora, multitud de curiosos acudieron a recepción. Minglanillas, Monchito y Clarisa esperaban en la entrada con sus mejores sonrisas.

    A las ocho cero cero, las puertas automáticas empezaron a abrirse lentamente.

    Se hizo el silencio. Ante ellos, el mito: Estela, Mike y Marc, la división Escorpión Rojo, elite de la consultoría, en perfecta formación triangular. Estela al frente, toda ella gabardina azul de tres cuartos a juego con sus tacones y sus guantes de cuero; Marc y Mike detrás, elegante simetría de chalecos negros y zapatos italianos. Una sola palabra lo inundaba todo: escoba.

    Clarisa les dio la bienvenida. El Escorpión Rojo, sin romper nunca la formación, atravesó las instalaciones justo por la bisectriz, desfilando en dirección al recién construido edificio. El sepulcral silencio fue perforado por el armónico rodar de las tres pequeñas maletas y los autoritarios taconazos de Estela, precisos cual metrónomo japonés. Comparada con Estela, Ivon era una palurda con calculadora.

    Entraron a ShopMaster. Los tres consultores miraban rítmicamente a izquierda y derecha, comprendiéndolo todo a su paso. De vez en cuando intercambiaban alguna frase en inglés o alemán, a pesar de que los tres eran de Soria. Estela era la más entusiasta: caminaba con los ojos abiertos de par en par, se fijaba en cada detalle y todo le maravillaba. Mirad, ¡ventanas de doble acristalamiento! Oh my god! A cada paso soltaba un ¡oooh! y un ¡ah!. Parecía que llevase unas bolas chinas metidas en el chocho.

    Mike llevaba largas patillas y un peinado con cresta que le daba un aire de diablillo ingenioso. Cuando hablaba Estela, Mike asentía sonriente con una ceja levantada, como si siempre llevase un as en la manga. Nada como el PVC, decía ella. Si supieras por dónde van ya los alemanes, replicaba él.

    Marc, cabello rubio barnizado, solía responder a ambos simplemente con un gesto. Extendía las dos manos y las bajaba lentamente. Tranquilos, niños (algún día dirigiré todo esto). Minglanillas le observaba con absoluta admiración y pensaba: mierda, ese gesto… ¡ese tipo es doble arquitecto!

    Ninguno de los escorpiones era guapo, pero se comportaban como top models. En el siglo de la estupidez, todas las casas se empezaban por la fachada.

    14

    Después del análisis ocular in situ, los escorpiones se encerraron en un despacho. Cubrieron toda una mesa de juntas con documentos a color, acoplaron sus portátiles, y se pusieron manos a la obra.

    Durante seis días y seis noches trabajaron sin descanso. Estudiaron la casuística, identificaron con éxito todos los weak points, listaron los use cases, conexionaron sinergias, corrigieron desajustes sectoriales, crearon métodos idempotentes, aplicaron estrategias de convergencia, generaron documentación IEEE compliant, y pidieron pizza.

    ¡Oh! Nada como la mozarella holandesa…
    Ja, si supieras por dónde van ya los italianos…
    Tranquilos (algún día dirigiré todo esto)

    Una tarde, Estela salió a dar un paseo. Se sentó en un banco del jardín, encendió un cigarro y fumó despacio. Su mirada atravesaba el rimel y se perdía en el infinito de sus reflexiones.

    Allí donde la mujer quiere llegar, de allí parto yo… Todo lo que la mujer desea se da en mí. Yo soy la ambición y el éxito, yo soy el fin del camino al futuro.

    Pronto me saldrá polla.

    Y será más grande que la de Mike.

    Clarisa la miraba desde recepción. Anochecía. Tenía que aprobar ese examen.

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    La solución óptima a las incidencias fue enviada a todo el equipo en formato Power Point.

    SOLUCIONES ESTRATEGICAS
    PROYECTO SHOPMASTER
    División Escorpión Rojo

    PUNTOS CLAVE:
    1. Apertura inversa de puertas delimitadoras de sectores
    2. Sistema de desalojos residuales divergentes no integrado
    3. Suministro energético no inherente a la infraestructura

    SOLUCION:

    Aplicar metodología SmartShopping®

    1. En el mercado de la convergencia, la información es el valor añadido. Por ello se hace cada vez más necesaria la protección de datos. SmartShopping® incorpora el sistema ProtectedSpace®, que bloquea el acceso al canal común (el pasillo) en todas las operaciones de entrada/salida, asegurando así la total privacidad de los datos en cada sector. Tan sólo es necesario un sistema de semáforos que controle los accesos concurrentes al canal común para evitar interbloqueos.

    2. La ineficiencia de los sistemas integrados de desalojo de residuos ha sido recientemente demostrada. SmartShopping® incorpora la tecnología GarbageCollector®, que elimina residuos de forma externa y bajo demanda. GarbageCollector® solo opera cuando se le necesita, consiguiendo un uso eficiente de los recursos. Debe implementarse un sistema de semáforos que indique cuándo deben desalojarse residuos de cada sector, sincronizado con el sistema de señales de ProtectedSpace®.

    3. Los suministros energéticos inherentes a infraestructuras provocan una total dependencia de la plataforma, debiendo situarse el hardware siempre cercano a los puntos de acceso al suministro, vulgarmente denominados enchufes. Esto dificulta enormemente el cambio rápido del look and feel de cada sector, imprescindible para adaptar la decoración a las siempre cambiantes tendencias. SmartShopping® incorpora el sistema VirtualPlug®, consistente en un set de baterías recargables fácilmente reposicionables. Con VirtualPlug®, la posición de los puntos de acceso es totalmente customizable. Se necesita un sistema de semáforos adicional que indique qué baterías se encuentran en estado crítico, sincronizado con GarbageCollector® y ProtectedSpace®

    Hoy por hoy, podemos asegurar que SmartShopping® marcará las tendencias de los mercados del mañana.

    Y el Escorpión Rojo se quedó tan ancho.

    El feedback no pudo ser más positivo. Todos se deshicieron en elogios a excepción de Fuckowski, que respondió con un mail en blanco con Subject: >>CUÑAAAAAAAO!!!!

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    Se implementaron las soluciones y se integraron los sistemas de semáforos. ShopMaster quedó repleto de pequeñas baterías con ruedas y lucecitas de colores. El pasillo se asemejaba al interior de una nave espacial, con todos esos centelleantes indicadores.

    Se preparó minuciosamente el plan de pruebas. Decenas de becarios ocuparon las posiciones indicadas. Uno de ellos tuvo el honor de desempeñar el puesto de GarbageCollector®. Le dieron un cubo y una pequeña pala y se dedicó a hacer la ronda por los retretes recolectando residuos.

    En la primera prueba hubo un pequeño percance: al atravesar el canal común, el GarbageCollector® tropezó con un VirtualPlug® y se estrelló contra un ProtectedSpace®, incrustando la cabeza en el cubo de la mierda. Salió de allí corriendo, todo marrón, y nunca más se supo de él. Algunos le oyeron gritar: ¡que le den por culo al mantenimiento técnico!

    El siempre despierto Escorpión Rojo identificó la necesidad de diseñar un curso de formación para nuevos usuarios de SmartShopping®, dado lo novedoso de la metodología.

    El señor Smith consiguió que el curso lo subvencionara la junta, con lo que se embolsó quince millones a cambio de dar esperanza a trescientos parados.

    Minglanillas le hizo el examen a Clarisa. Fue un examen oral. Ella lo pasó sin problemas y se fue a comprar pictolines.

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    En total cuatrocientas personas asistieron al curso impartido por la recién constituida división Águila Dorada: Clarisa, Monchito y Minglanillas. Fuckowski, en su eterna necesidad de despreciar toda elite, los rebautizó como el pollo amarillo.

    Casi todos los asistentes pensaron que la tecnología SmartShopping® era demasiado compleja; no entendían por qué tenían que esperar a que un semáforo se pusiera verde hasta para ir a cagar. Pero supusieron que SmartShopping® era para empleados inteligentes, y como nadie quería parecer no capacitado para el posible puesto de trabajo, no se habló del tema.

    Álvaro se encontraba entre los asistentes. A veces Clarisa, entre diapositiva y diapositiva, le echaba una mirada maliciosa y seguía hablando de la protección de datos y el uso eficiente de recursos como si toda la vida se hubiera dedicado a ello. A ella le encantaba estar por encima de él. A él no le gustaban esos ruidosos tacones nuevos.

    Al finalizar el curso se repartieron cuatrocientos diplomas acreditativos. Uno de los desempleados fue contratado como GarbageCollector® y al resto le fueron enviadas cartas agradeciéndoles la asistencia, informándoles de que su currículum permanecería durante seis meses en la base de datos de Teddybear Consulting, y deseándoles suerte en todo lo que emprendieran.

    El mismo día de la inauguración, ShopMaster salió a bolsa. Todos los directivos de Teddybear tenían en sus contratos una cláusula de opción de compra sobre acciones en más que ventajosas condiciones. En concreto el señor Smith compró quince millones en acciones de ShopMaster.

    La inauguración fue apoteósica. Se habilitó un escenario frente al reluciente edificio. Junto a él se colocó un enorme cartel publicitario que mostraba el logotipo de ShopMaster sobre un fondo de nubes y un montón de gente feliz que señalaba al cielo como si lloviesen billetes de 500.

    El señor Smith, situado entre el Escorpión Rojo y el Águila Dorada, obsequió a la audiencia con un elocuente discurso sobre la excelencia profesional, que culminó con un “hoy por hoy, podemos asegurar que ShopMaster sentará las bases del futuro del comercio”.

    Cortó la cinta roja y todo termino en una orgía de aplausos y confeti.

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    En los meses siguientes el valor de las acciones subió y subió hasta casi quintuplicarse, el señor Smith vendió su paquete embolsándose cincuenta kilos, y un siete de Agosto a las tres de la tarde ShopMaster fue declarado oficialmente en quiebra. En Cuenca soplaban vientos del noroeste.

    Se produjeron muchos despidos. Hubo un gran revuelo, el asunto incluso llegó a la televisión. Se retransmitieron imágenes de gente acampada frente a ShopMaster reclamando sus puestos de trabajo. Aguantaron casi cuatro semanas y finalmente volvieron a sus casas a intentar rehacer sus vidas.

    El último en abandonar fue un joven que pasó treinta días y treinta noches acampado en el jardín en compañía de un husky siberiano, que solo se separó de su lado para ir a buscar alguna botella de plástico y dejarla a los pies de su amo pidiendo juego.

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    Para adaptarse a las nuevas tendencias, Teddybear cambió de nombre y de domicilio fiscal.

    Corrió el rumor de que el cambio de nombre tenía algo que ver con la quiebra de ShopMaster; incluso se llegó a insinuar que las cuentas se habían estado maquillando durante meses para mantener el valor de las acciones hasta que la directiva hubiera vendido sus paquetes.

    Los documentos nunca aparecieron. Alguien dijo que el Escorpión Rojo había llevado a cabo una operación secreta en la que se destruyó toda la documentación. Pero la mayoría pensaba que el Escorpión Rojo no existía.

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    Minglanillas olvidó pronto todo ese asunto lleno rumores malintencionados. Él vivía con la mirada puesta en el futuro. Muchos otros tenían que quedarse a vivir en el pasado de Minglanillas, pero a él nada de esto le importaba. No hay que centrarse en lo negativo, decía la guía Zen. Eso era lo que hacían los Fuckowskis, por eso vivían cabreados.

    Salió del nuevo edificio de la empresa con su nueva novia y su nueva tarjeta de identificación. Abrió la puerta de su nuevo descapotable rojo e hizo entrar a Clarisa.

    Minglanillas tenía un don, sí. Todo lo que tocaba se convertía en mierda. Clarisa también tenía el don; sólo dios sabía lo que podía pasar si les daba por hacer el sesenta y nueve.

    Antes de entrar al coche echó un vistazo al nuevo cuartel general de la compañía. Era una preciosa fachada.

    En el jardín de la entrada había una estatua en bronce del señor Smith. Sobre la enorme puerta giratoria, el nuevo logotipo en letras doradas:

    FUTURE RAINBOW CONSULTING.

    Por todas partes revoloteaban palomas.