El RBS y la patata caliente
Sorprendido me he quedado esta mañana al leer en el Financial Times que el RBS, el segundo mayor banco del Reino Unido, ha reportado pérdidas por valor de 950 millones de libras a causa de la crisis de las subprime en USA. A pesar de que 950 millones de libras es una cifra nada desdeñable, cabe destacar que está muy por debajo de las predicciones de la mayoría de los analistas, lo que ha tenido un sorprendente (aunque más que lógico) efecto: el valor de las acciones de RBS se ha disparado. No deja de ser irónico.
De todos es sabido que durante el último año los bonos basura y las hipotecas subprime han sido la patata caliente de los bancos: pasaban de mano en mano y nadie quería quedárselas (‘como la falsa moneda’, que cantaba la copla). Estas turbulencias financieras, como era de esperar, han provocado recelo y desconfianza y una tendencia muy a la baja en todo el mercado. Ahora que el lógico desenlace ya se ha producido, se han tomado ciertas medidas compensatorias típicas: se ha inyectado liquidez en los mercados y se ha dado sentido inverso al precio del dinero. Se habla de crisis, sí, e incluso algunas voces alarmistas recuerdan aquel lunes negro. Pero en vista de la (en teoría) inesperada subida de las acciones de RBS cabe preguntarse si, en lugar de encontrarnos ante una crisis global en la que todos tenemos que apretarnos el cinturón, como nos quieren hacer creer, no estaremos siendo víctimas de una estrategia financiera a gran escala, orquestada una vez más por los de siempre.
Será interesante, dentro de unos meses, analizar ciertos índices europeos (inflación y tipos de interés, entre otros), cruzarlos con el Dow Jones, y comprobar como, una vez más, la patata caliente ha ido a parar al bolsillo del ciudadano medio.
Y yo ahora me pregunto: ¿cuántos lectores habrán notado que un servidor no tiene ni puta idea de finanzas y que los párrafos anteriores no son más que una sarta de gilipolleces? De hecho, yo hasta hace un rato ni siquiera sabía que el RBS es el Royal Bank of Scotland. Y no he leido el Financial Times en mi vida.
Escribir uno de estos siempre interesantes artículos (concienzudo análisis, lo ha clavado…) me ha costado diez minutos. Me he basado en una única frase de la portada del Financial Times (Shares in the UK’s second largest bank jumped after it reported a £950m net writedown from the fallout of the US subprime crisis, below most analysts’ forecasts) y en un artículo de El País (‘Bonos basura’ y ’subprime’) que he leído por encima. Para componer el texto me ha bastado con reescribir lo obvio de forma críptica y pedante dándole un tono serio y ofendido, aventurarme a sacar algunas conclusiones vagas y absurdas (que además nunca nadie se molestará en comprobar), soslayar sutilmente mi gran conocimiento de la materia (“sorprendido me he quedado”, “de todos es sabido”, “no deja de ser irónico”), salpicar unas cuantas siglas y cursivas, incluir definiciones intencionadamente huecas (”los de siempre”, “a gran escala”), y aderezarlo todo con una siempre efectiva dosis de populismo y dicotomía “ellos los malos/nosotros los buenos” (centrando la atención en el enemigo se hace uno cómplice del lector en el bando de los buenos; evidenciando lo que todo el mundo sabe que es erróneo consigue uno hacer creer al lector que uno sabe lo que es correcto).
Semejante despropósito, en un entorno donde imperase el sentido común, me habría hecho merecedor de un masivo ¿por qué no te callas?, pero en la llamada “blogosfera”, despropósitos de mucho mayor calibre referidos a lenguajes de programación, sistemas operativos, seguridad informática, redes, comunicaciones, usabilidad, y todo el largo etcétera, perpetrados por individuos sin conocimientos técnicos, son sistemáticamente coreados, aplaudidos y referenciados por multitud de internautas. Esta entelequia llamada “web 2.0”, como todo terreno inexplorado (¿y qué terreno más inexplorado que el inexistente?), está siendo pasto de un sinfín de cantamañanas, charlatanes y oportunistas demagogos que están haciendo su agosto vomitando conferencias acerca de la divergencia de la economía de la atención en la web 2.0 y la inmortalidad del cangrejo de la Atlántida. Corren tiempos felices de credulidad y dinero fácil, se invierten ingentes sumas de dinero en organizar eventos e invitar a estos alquimistas que dicen haber encontrado la piedra filosofal de Internet.
Toda esta vaga pseudo ciencia es a la informática lo que la astrología a la astronomía. Estos gurús dicen ser reputados historiadores pero hablan de las pirámides de Egipto como catalizadores de energías cósmicas; éstos gurús dicen ser eminencias en medicina pero no pasan de vulgares curanderos de barrio. Los chamanes de la tribu 2.0 están cobrando por ejecutar la danza de la lluvia sobre Internet. La informática sufre una invasión de informatólogos.
¿Y qué tengo yo en contra de este fabuloso circo de tres pistas, si sólo paga entrada el que quiere y la gente incluso se lo pasa bien? Muy sencillo. Todo este circo, a la larga, provoca un nocivo efecto sobre la opinión pública, que siempre tiende a generalizar: el que confunde a un curandero con un médico, interpretará el fracaso del primero como el fracaso de la medicina, haciendo un flaco favor a la ciencia y al progreso. Los inversores que se dejaron arrastrar hacia aguas turbulentas por los cantos de sirena de los informatólogos, una vez rescatados del naufragio, acabarán por desconfiar del océano en su totalidad, para perjuicio de los honrados pescadores que se ganan el pan con el sudor de su frente. “La informática ya no es una buena inversión”, concluirán, y se irán con la música a otra parte dejando una estela de despidos en masa y vidas rotas. Subirá el paro y se paralizará la investigación y el desarrollo. La sociedad dará unos cuantos pasos atrás.
Habría que rescribir el cuento de la cigarra y la hormiga:
Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó, y a finales de otoño se calzó la corbata y fue a ver a la hormiga, que llevaba dos estaciones recolectando grano. No dejes que tu grano se devalúe –le dijo-, ¡inviértelo! Compra esta semilla, y al llegar la primavera tendrás un frondoso árbol que podrás vender por el doble de su precio actual. La hormiga se fió de la cigarra, pues ésta tenía dos MBA’s por la Universidad de Oklahoma, le entregó su grano y plantó la semilla a las puertas del hormiguero. Llegó el invierno, subieron los tipos de interés, la hormiga no pudo hacer frente a la hipoteca y el banco le embargó el hormiguero entero, que compró la cigarra con el grano de la hormiga. La cigarra montó un hotel y se fue a las Bahamas a vivir de las rentas. La hormiga se quedó esperando a que la semilla diera sus frutos y a los tres meses pidió ayuda al gobierno, que indemnizó a la hormiga por la estafa de la cigarra con el dinero de los impuestos de todos los animales del bosque. Aún así la hormiga se murió de hambre, y le estuvo bien empleado, por gilipollas.







4.65 (votar)