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    A Emilio

    Archivado en La columna por adehoces, 29 de Junio de 2007

    Algunas conclusiones del Proyecto «El Profesional Flexible en la Sociedad del Conocimiento: Nuevas Exigencias en la Educación Superior en Europa»

    -Junto con Francia, España es el país en el que los alumnos dedican más horas semanalmente a actividades académicas y de estudios.

    -Los graduados españoles son los menos satisfechos con los estudios universitarios seguidos.

    -Sólo el 50% declara que volvería a estudiar la misma carrera en la misma universidad.

    -Los titulados españoles, junto con los checos, en términos relativos, perciben los salarios más bajos de una lista de trece países europeos.

    -España, al igual que Italia, está a la cabeza en tasa de titulados viviendo en el hogar paterno cinco años después de acabar sus estudios universitarios.

    -Es el país en el que los titulados manifiestan «con más énfasis» la poca utilización que hacen en el puesto de trabajo de las competencias adquiridas.

    -Los españoles son los graduados con menor movilidad internacional por motivos de estudio.

    -Como mayores carencias apreciadas en sus trabajos con respecto a lo que desearían, los titulados españoles se refieren a disponibilidad de tiempo, a las perspectivas profesionales, a los ingresos elevados y la estabilidad laboral.

    (via La voz de Galicia -> meneame)

    O sea que en España nos matamos a estudiar largos años para luego pasar a cobrar una miseria en empleos inflexibles, inestables y sin perspectivas donde no ponemos en práctica nada de lo aprendido en esa carrera que nos arrepentimos de haber cursado. Supongo que esos cinco últimos años en el hogar paterno son los imprescindibles para ahorrar, por supuesto en pareja, para la entrada de una vivienda indigna.

    Y luego a los carroñeros de siempre se les llena la boca de “España va bien”, y ante la mínima queja se parapetan en el “ancha es Castilla” y el “nadie te obliga”. Pues sí, ancha es Castilla, y con la misma mierda repartida uniformemente en toda su extensión. Respecto al “nadie te obliga”, obvian ustedes que los derechos y libertades fundamentales que definen una vida digna han sido privatizados casi en su totalidad, y tenemos que comprarlos con el dinero que no tenemos. Nos obliga nuestra dignidad.

    Señores, más les valdría actualizar la cantinela a “ancha es Europa”, porque muchos nos estamos dando el piro.

    Quiero dar la enhorabuena a mi buen amigo Emilio, eterno compañero de penurias académicas, fatigas laborales e interminables charlas nocturnas regadas con música y alcohol. Después de largos años de esfuerzo acaba de salir del hoyo y en pocas semanas pasará a engrosar la lista de cerebros fugados que pagan con la distancia el precio de la dignidad. Después de tantos años de sacrificio Emilio sólo necesitaba que la suerte le sonriese un poco, y finalmente ha sucedido. Lo merecía más que nadie.

    Yo sé perfectamente lo que le espera: la vida agridulce del emigrante. Novedad, oportunidades, presente desahogado, perspectivas de futuro, retos, experiencias, vuelos de bajo coste, las voces queridas en el teléfono, el sol y el mar en el recuerdo, silenciosas noches de invierno sentado junto al fuego evocando atardeceres mediterráneos, el corazón siempre pidiendo volver a sentir el calor de tu familia, de tus amigos, de tu perro, de tu calle, de tu pedazo de playa. A veces se hace duro, pero merece mucho la pena. Al salir de esa trampa social que tantos años nos estranguló el alma se redescubre el mundo; al desaparecer el estrés se vive la vida con mucha más intensidad. Esos contados días de vuelta a casa brillan con tal intensidad en el calendario que iluminan el año entero.

    Reencontrarse con el pasado, con el hogar, con la propia sangre, y poder disfrutar de todo sin el peso de la angustia, es un privilegio. Lo primero que hago siempre al volver a Málaga, una vez que he abrazado a toda la familia y me he llenado de sus sonrisas, es salir a pasear con mi perro. Despacio, dejándome embriagar por todos esos olores que nunca se olvidan. El olor verde del mar siempre presente en el aire, el aroma dulce del té de calle Granada, el vino añejo aferrado a la madera de la Casa del Guardia… Camino sin rumbo, pero indefectiblemente acabo en la Malagueta. Busco una terraza, me siento en una silla de mimbre y al ritmo lento del anochecer me voy emborrachando de sal, arena, fuego y cerveza. Mi perro siempre se queda muy quieto; a veces suspira, a veces suspiro yo. Vuelvo a casa de noche, nadando en un largo silencio sólo interrumpido por alguna honda campanada que viene de lejos.

    La despedida siempre es dura. En el aeropuerto suelo dejarme alguna lágrima furtiva. Pero el tiempo poco a poco va acortando las distancias. Uno lucha por convencerse de que en realidad no ha abandonado el hogar, sino que el hogar se ha hecho más grande. Mi ciudad ya no es Málaga; ahora es una pintoresca ciudad donde a veces nieva y a veces hace un sol radiante, donde El Temple Bar dublinés está a la vuelta de la esquina de calle Larios, donde hay una Fnac madrileña al lado de un Coffee Shop holandés, donde para llegar de Timanfaya a Candem Town hay que atravesar una oscura calle medieval de Brujas. Una ciudad interminable rebosante de gente y de cultura.

    Emilio, bienvenido a la gran ciudad sin nombre.

    ¿Qué les pasa a los jóvenes?

    Archivado en La columna por adehoces, 27 de Junio de 2007

    Es una pregunta recurrente. Cada cierto tiempo, inexorablemente, alguien sale a la palestra a rasgarse las vestiduras en tono indignado: estos jóvenes de hoy, hay que ver, que no hacen más que drogarse y ver la tele. Que no tienen principios ni metas y no respetan nada, los jodíos. Cómo son, éstos jóvenes.

    Desde luego que hay que ser muy cínico o muy gilipollas. A ver, señor de cuarenta que se sienta a ver los toros desde la barrera, entérese: estos jóvenes son hijos suyos. De su mujer y usted, de su hermana y su cuñado, de esa pareja tan simpática que vive en el tercero y que tiene un caniche y un Ford Focus.

    El porqué alguien es como es no es fácil de determinar. Es la eterna discusión del nature versus nurture. El desvergonzado y nihilista joven de hoy, ¿nace o se hace? En este caso la respuesta es sencilla, pues nos estamos refiriendo a un conjunto bastante numeroso. Descartando por altamente improbable que se haya producido una mutación genética espontánea, global y simultánea en unos cuantos millones de individuos, no nos queda más remedio que aceptar que los jóvenes de hoy son producto del entorno. Y el entorno, querido amigo, es obra de usted. Esta nueva generación evidencia violentamente el fracaso de la suya.

    Y es que tuvo usted la oportunidad de cambiar drásticamente el entorno cuando acabó la dictadura, y la desaprovechó. Siendo objetivos hay que decir que, en fin, pudo haber sido mucho peor. Aceptamos pulpo. Pero ahora se me ha aburguesado usted, amigo. Se ha vendido. Cuando se les quitó el poder para devolvérselo a la gente, a los poderosos ya sólo les quedó dinero. El poder pasó a ser público, y durante un tiempo no se vivió mal. Fueron buenos años: sindicatos fuertes, empleos estables, viviendas asequibles, educación de calidad. Dignidad, palabras claras, ideas claras, poco eufemismo, nada de absurda corrección política. Los ex poderosos querían comprar el poder al pueblo y una y otra vez se les decía que no, que no estaba en venta. Fue esa firmeza de principios la que evitó por un tiempo que el dinero otorgase poder. Los que tuvimos la suerte de ir a nacer en aquella estrecha y saludable franja temporal somos ahora la viva imagen del desencanto. Vivimos algunos años en un mundo que ahora nos acusan de haber soñado. Es duro, pero al menos tenemos una referencia real que nos permite ser críticos y conservar la cordura. Los nacidos un poco más tarde ya no cuentan con ese privilegio.

    Todo el mundo tiene un precio, dicen. No sé si todos, pero desde luego, muchos. Cuando ya no se puede sostener por las armas esa jerarquía social de dos niveles en la que los cuatro de arriba mandan y los millones de abajo son esclavos, la única forma de seguir estando arriba es construir una jerarquía piramidal. En esta estructura a cada esclavo se le conceden otros dos esclavos. Y ésta no hace falta sostenerla con armas: se edifica lentamente sobre los sólidos cimientos de la estupidez y el egoísmo humanos. Todos son esclavos pero se creen señores. Que le pregunten a ese fascistoide jefecillo de sección que trabaja catorce horas, o a ese pequeño explotador con bigote y maletín que vende tornillos baratos a una gran constructora y que ya ha tenido dos infartos. Son estafados por los de arriba y procuran recuperar pérdidas estafando a los de abajo. Todos pierden.

    Ese sindicalista que vendió a la empresa los derechos de aquellos a los que decía representar, ese profesor que incrementó el número de matriculados de su asignatura a base de suspensos para conseguir una ampliación del presupuesto departamental, ese alcalde que concedió el permiso de obra a cambio de una suculenta comisión, ese político que cambió la ley para sentarse a la derecha del gran hermano, estos individuos y esos muchos otros que vieron lo que estaba sucediendo y cobardemente enterraron la cabeza en la arena, todos ellos han ayudado a construir la pirámide.

    Han traicionado a la sociedad, y todo a cambio de unas migajas. Un monovolumen, un jacuzzi, un sofá con masaje o una televisión de plasma. Pero, por supuesto, se declaran inocentes. Algunos hasta se creen inocentes. “Cualquier tiempo pasado fue peor”, “este sistema es el menos malo”. “Es el más acorde con la condición humana”, dicen, creyendo, como el mal ladrón, que todos son de su condición. El conjunto de excusas a la traición es una enorme farsa indigerible. España va bien, pero cada vez se vive peor. Ellos, sentados en su sillón con masaje, ignoran la viga en el ojo y se sorprenden y se preguntan qué les pasa a los jóvenes.

    Pues les pasa que sus almas están presas en una trampa y eso les duele, y nadie parece comprenderles. Que sus instintos gritan a una razón que ha sido estupidizada. Que están cabreados y no pueden articularlo porque ciertas palabras están prohibidas. A los jóvenes de hoy no les importa nada porque nadie les enseña nada que de verdad valga la pena. Los jóvenes de hoy no tienen metas porque ya no quedan metas. Viven en una triste farsa y no tienen sueños a los que aferrarse. A los jóvenes de hoy se les vende esta mierda de realidad con tan bonitos eufemismos que no pueden entender por qué no son felices. Los jóvenes de hoy no se drogan, se automedican una depresión tan profunda que ni siquiera son conscientes de ella.

    Yo conservo la esperanza de que las cosas cambien, pero aún queda mucho por hacer y llevará muchísimo tiempo. Hay que despegarse de la tele de plasma y mirar por la ventana, hay que recobrar la cordura, recuperar las energías, las metas, la voluntad. Hay que asumir los errores, predicar con el ejemplo, recuperar las ganas de un mundo mejor. Así que, señor de cuarenta que se rasga las vestiduras, tiene usted dos opciones: o ponerse manos a la obra a tratar de arreglar el desastre, o seguir chupando de la sopa boba atrincherado en su cinismo. Si opta usted por la segunda opción, al menos háganos un favor y cállese la puta boca.

    AVISO IMPORTANTISIMO

    Archivado en Chorradas por adehoces, 26 de Junio de 2007

    En los próximos días podrían recibir de una persona conocida dos cajas de pastelitos de nata con la inscripción “Cumpleaños Feliz!!!”. Si las reciben, POR FAVOR, ES MUY IMPORTANTE QUE NO LAS PONGAN UNA ENCIMA DE OTRA, QUE SE APLASTAN. Los pastelitos de la caja de abajo quedarían AUTOMATICAMENTE DESTRUIDOS Y NO SE PODRIAN RECUPERAR.

    Si reciben los pastelitos MÉTANLOS INMEDIATAMENTE EN LA NEVERA y salgan de la casa. Deben de hestar hatentos. Es el peor desastre de repostería que haya existido. Ya ha sido anunciado por Bollycao® y Panrico® y no hay arreglo aún.

    Por favor ENVIEN ESTE MENSAJE A TODOS SUS CONTACTOS, FAMILIARES Y AMIGOS, EX NOVIAS, POLVOS OCASIONALES Y A UN SEÑOR DE CUENCA. Es preferible enviar este mensaje 25 veces que dejar que se destruyan miles de pastelitos de nata.

    Despertar

    Archivado en Relatos breves por adehoces, 25 de Junio de 2007

    No podía dormir, así que volvió a su mesa. Cuando hubo leído el último de sus feeds, escuchado el último de sus podcasts y visionado el último episodio de la última serie, se metió de nuevo en la cama y se fumó el último cigarro del paquete. Al finalizar el último mp3 de su reproductor, se quedó en silencio contemplando la pared desnuda y reparó en que hasta entonces había estado dormido. En mitad de aquella noche de insomnio despertó y se dio cuenta de que no tenía una vida.

    Perla #1

    Archivado en Humor, Perlas por adehoces, 14 de Junio de 2007

    Cita: “Como todo el mundo sabe, el primer bocado de un plato de pasta caliente hay que tomarlo con cuidado, pues cuando quema quema mucho (aunque no tanto como los cafés magmáticos que sirven los yankees en sus tazas de Kevlar). Como se enfría enseguida, esta precaución sólo se suele adoptar con el primer bocado. Pero metódico y precavido que es uno, yo suelo adoptar el viejo método de ‘primero la periferia, y luego el centro del plato’.

    No esta vez.

    Mi cerebro ha ido mucho más allá, mucho más deprisa que lo normal (y eso que ya de por sí baraja docenas de variables conscientes y supongo que miles o millones subconscientes para cada pequeña acción). Antes de tomar el segundo bocado ha analizado cosas como la temperatura del primero, la velocidad a la que se suele enfriar la pasta, el tiempo que la bandeja de aluminio llevaba abierta, la distancia que hay del centro a los bordes de la misma, el tipo de salsa y su distribución, el hecho de que los tomates eran frescos y naturales, o el material con el que estaba hecho el tenedor [...]“

    Autor: Jorge Cortell

    Posibles títulos: “De la manzana de Newton al fettucini de Cortell” / “Estoy fatal de lo mio”

    Análisis: Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, el ego del amigo Jorge se tira el pisto en plan “A beautiful mind”. Lo único que nos permitiría concluir si la narracion es una vulgar paja mental perpetrada por alguien que sufre holywoodienses delirios de grandeza, o si por el contrario también, sería conocer todos los datos empleados en los cálculos (la temperatura del primer bocado en grados, la función de distribución de la velocidad de enfriamiento del ravioli en grados por minuto sobre un plano XY teniendo en cuenta la densidad de la salsa, el efecto endotérmico del tomate fresco, y posiblemente la temperatura ambiente y la presión atmosférica) así como el algoritmo de optimización no lineal aplicado, el resultado obtenido (conjunto de puntos x,y en el plano donde los tallarines presentan una temperatura óptima para su consumo, casi con toda seguridad una elipse distorsionada en las proximidades de los tomatitos) y, principalmente, el éxito de la operación (diferencia entre la temperatura calculada y la real). Tampoco estaría de más saber si se completaron los cálculos antes de que los tagliatelle se pasaran de fecha. Si no, la cosa se queda en farol.

    Destacado: Ese tan dramático “No esta vez”, aislado entre líneas en blanco para aumentar el impacto narrativo. El hecho de que el protagonista decidiese esta vez no empezar a comer los tortellini por el borde del plato es un inesperado giro de guión que no teníamos el placer de saborear desde el estreno de “El sexto sentido”.

    Curiosidad histórica: Se dice que el célebre físico Albert Einstein se enfrentó una vez al mismo problema y concluyó: “Lo verdaderamente inteligente es soplarle un poco a los macarrones, el resto son gilipolleces”

    Cortell Nash

    Link: http://www.cortell.net/2007/06/06/camino-de-ny/