Weblog ·   El foro ·   Tienda online ·   Memorias de un ingeniero ·   Tren a la estación perdida ·   Fotos en Flickr ·   Twitter
  • Últimas entradas

  • Categorías

  • Buscar

      Introduzca texto a buscar y pulse [Enter]
  • El año pasado...

  • Archivos

  • Trackbacks

  • Entradas mejor valoradas

  • Recomendaciones

  • Ya a la venta

  • Prensa

  • Flickr

    www.flickr.com
  • La tira Ecol

      Tira Ecol
  • Telekomor

  • Meta

  • Revisando entradas:

    Concurso endogámico

    Archivado en Viñetas por adehoces, 19 de Enero de 2007

    premios 20 blowjobs

    Yo, mi, me, con mi blog

    Archivado en La columna por adehoces, 17 de Enero de 2007

    Mi blog esto, mi blog lo otro. Si tú me votas yo te voto. Pásense por lasLagrimasDelCangrejo en blogpota.com. Compartan un pedacito fugaz del sueño etéreo de una estrella en LaCharcaDeNata.egocities.com. Hola, quería recomendarles desinteresadamente el Blog de Chamorro, es magnífico, lo he descubierto por casualidad, firmado Luis Chamorro. Hola ejejje chavales komo estamos ¡¡venga ke ya vamos terceros en el premio de literatura ajaja!!! posted by chespir.

    Pasen y vean, señoras y señores. La segunda convocatoria del siempre controvertido Concurso de Blogs de 20minutos, en su modalidad “premio al blog más votado”, les invita al Gran Circo de la Vergüenza Ajena. Todo vale con tal de conseguir votos: autopromocionarse ad nauseam, hacerse cuatrocientas cuentas falsas (este año no cuela), prometer jamones a los votantes o crear pactos estratégicos (es lo que se lleva esta temporada: el intercambio de votos).

    Resulta sorprendente la desfachatez con la que el personal se lanza a la caza del voto. Se supone que para ganar un concurso de blogs uno debe preocuparse simplemente de tener un buen blog, al igual que para ganar unas elecciones uno debe preocuparse de tener un buen programa. Pero no. Se nos llena la boca de integridad, de libertad de expresión, de pureza, de amor al arte; valores éstos que en cuanto hay un euro en juego se esfuman en menos que canta un Varsavsky para dejar paso a la clásica carrera de ratas, donde lo único que importa es ganar a toda costa.

    Técnicamente, el intercambio de votos al que se está jugando este año entra dentro de la legalidad. El problema es que hay dos tipos de voto claramente diferenciados: el desinteresado y el interesado. Casi con toda seguridad predomina el tipo B. Unos resultados basados en votos del tipo A nos dejarían unas útiles listas de blogs de calidad. Unos resultados basados en votos B nos van a dejar la misma ensaladilla rusa que ya tenemos en la tele y en la radio: una constelación de basura donde a los cuatro que de verdad tienen algo que decir apenas se les distingue con tanto ruido. Y tan pocas nueces.

    Pero bueno, tampoco hay que preocuparse. Esto va a suceder solo en el sector, digamos, de andar por casa: los blogs personales. El sector “serio” de la blogosfera (que es el que de verdad importa pues salvaguarda heróicamente los valores de la sociedad moderna) seguirá siendo lo que siempre ha sido: un colectivo endogámico y retroalimentado donde día sí y día también Fulanito (ministro de blogs de diseño) entrevista en su blog a su cuñado Menganito (concejal de CuencaBlogs.com) para hablar de VaporBloogy 3.0, la nueva revolución empresarial que tiene a medias con Perenganito, autor del archiconocido PerenganitoBlog (máximo referente en micro y macro economía virtuales de la nueva era) e invitado de honor en las IV Jornadas de Cantamañanismo Virtual, blogueadas en directo en Zutanadas 2000, el blog de Zutanito, íntimo amigo de Menganito desde que se conocieron en la presentación del iSupository, el novedoso reproductor de mp3 que se aplica por la vía rectal.

    En fin, nada nuevo bajo el sol. Nuestra blogosfera acabará siendo una réplica exacta de nuestra democracia: un grupo de poder cerrado y endogámico que se queda con todo el pastel, una mayoría que se da de hostias por cinco minutos de fama, y una minoría que contempla atónita como toda noble iniciativa se va irremediablemente al traste mientras el personal se dedica a relatarnos cinco lugares en los que me he comido un pepino.

    El Fogonazo

    Archivado en Fotonovelas por adehoces, 14 de Enero de 2007

    PROLOGO

    1

    2

    3

    4

    LA ENTREVISTA

    5

    6

    7

    8

    DE MUDANZA

    9

    10

    11

    LA LLEGADA

    12

    13

    14

    TRABAJANDO DURO

    15

    16

    17

    BUSINESS MODEL

    18

    19

    20

    INTERRUPCIÓN

    21

    22

    23

    24

    25

    BUSCANDO INSPIRACIÓN

    26

    27

    28

    29

    30

    31

    32

    33

    34

    ENCONTRONAZO

    35

    36

    37

    38

    39

    40

    DESCUBRIMIENTO

    41

    42

    43

    44

    45

    46

    47

    HUIDA NOCTURNA

    48

    49

    50

    51

    52

    53

    54

    55

    56

    THE SHIT HITS THE FAN

    57

    58

    59

    60

    SE DESCUBREN LOS FANTASMAS

    61

    62

    63

    64

    65

    66

    67

    68

    69

    BUSINESS PLAN DE EMERGENCIA

    70

    71

    72

    73

    LA HORA DE LA VERDAD

    74

    75

    76

    77

    THE END

    El pirita

    Archivado en Fuckowski, memorias de un ingeniero por adehoces, 11 de Enero de 2007

    I

    Nos llevaban diciendo todo el año que la empresa iba viento en popa. Todo eran gráficas ascendentes: cada vez más clientes, más facturación. También cada vez más trabajo; por eso contrataban personal de ventas contínuamente. Cada diez o doce días veíamos aparecer caras nuevas, aunque a mí me parecían los mismos perros con distintas corbatas. Ese traje, ese portátil, esa sonrisa agresiva, esas prisas, esa manía de vociferar obviedades al teléfono, ese insufrible tono de “esto es de vital importancia” en cada email. El que siempre llevaba corbata rosa nos había escrito hacía unos días para indicarnos que debíamos cambiar el tipo de letra de la firma de nuestro programa de correo. La carta de Einstein al presidente Roosevelt advirtiéndole de la posibilidad de que Hitler estuviese a punto de desarrollar la bomba atómica estaba redactada en un tono más desenfadado.

    Lo que los ingenieros no nos explicábamos era por qué, a pesar de los inmejorables resultados financieros del año, nos habían reducido drásticamente el bonus de Diciembre. Casi todos esperábamos recibir una explicación en la reunión. Era otra de esas interminables reuniones en las que nos cuentan lo chulos que somos y lo gorda que la tenemos. El de la corbata rosa no llevaba hablando ni diez minutos y yo ya estaba totalmente saturado. Me abstraje, se me fue el santo al cielo y muy oportunamente me acordé del pirita.

    En los primeros dos o tres años de colegio ningún niño hacía nada. No éramos nada, sólo lienzos en blanco dispuestos a ser engorrinados miserablemente. Por lo general callábamos y nos mirábamos. Al tiempo las personalidades de cada uno empezaron a dibujarse; muchos niños comenzaron a actuar, a expresarse, a diferenciarse. Uno hacía reír, otro cantaba, otro corría más rápido que nadie, otro saltaba más alto, otro hacía agudas observaciones sobre las cosas, otro siempre respondía correctamente a las preguntas de los profesores. Había un niño que era capaz de chuparse su propia nariz, otro que escupía por la ventana y llegaba al edificio de enfrente, e incluso uno que se había leído un libro entero, sin dibujos, y al parecer le había gustado. Se estaban gestando nuestras identidades.

    Otros niños siguiéron simplemente callando y mirándose. De ellos no se hablaba; se hablaba de los que por algún motivo destacaban. Destacar era bueno: mucha gente sabía tu nombre, te sonreía, te saludaba. Ya no te sentías un lienzo en blanco; eras algo. Algo bello, o quizás algo original, o puede que simplemente algo, pero algo eras. Y se te reconocía. A veces conseguías una caricia o un beso furtivo, y entonces sentías algo grande que no alcanzabas a entender, pero hasta la última de tus células gritaba: por ahí vamos bien, chaval. La supervivencia de la especie está en juego.

    Un día se me acercó un niño de los que siempre callaban y miraban. Yo no sabía su nombre. Mira, me dijo con aire misterioso. Se sacó del bolsillo un pedacito de metal dorado y me lo acercó. Me quedé mirando la minúscula bolita dorada unos instantes. Estaba mugrienta. Los dedos de aquel niño también. Levanté la mirada; su cara también estaba mugrienta. Me miró muy serio y me habló en voz baja, como si me estuviera revelando un importantísimo secreto:

    -Esto no es oro –hizo una pausa-. Es pirita.

    Se quedó inmóvil unos segundos y se volvió a meter el pedacito mugriento en el bolsillo. Me miró, arqueó las cejas y se marchó con una sonrisa. Yo me quedé pensativo, sospechando algo. No sabía lo que era la pirita; suponía que nadie con siete años lo sabría. Pero aquel niño sí. Y tenía un trozo. Tenía que ser un gilipollas.

    No le pregunté su nombre, no me interesaba. Para mí aquel chaval anónimo paso a ser el pirita. A veces lo veía en el patio del colegio. Siempre andaba enseñándole a alguien su bolita mugrienta; los niños reaccionaban con interés, cogían la bolita para verla de cerca, se la pasaban unos a otros y se la devolvían al pirita, que sonreía satisfecho.

    Tardé un tiempo, pero al final saqué mis conclusiones. El pirita también quería destacar, pero no corría más rápido ni saltaba más alto que nadie. Cuando te enseñaba aquella bolita, automáticamente pensabas que era oro. Él te sacaba de tu error. Oh, habría jurado que era oro, te decías. Y si tú estabas equivocado y él no, él tenía que ser más listo que tú. Tú eras un alumno de EGB que despues del colegio se iba a casa a merendar pan con Nocilla viendo Barrio Sésamo. Al pirita lo recogía un helicóptero y se iba con sus padres, que eran unos científicos aventureros llamados Thomas y Linda, a explorar el Amazonas. En una de sus innumerables aventuras se habían perdido huyendo de la tribu de los temibles Potiguara (“comedores de hígados”), habían atravesado a nado el Orinoco sorteando cocodrilos y tiburones de agua dulce y luego se habían escondido en el volcán de las tarántulas pardas, donde encontraron por casualidad la entrada a la cueva del gran escorpión verde. Al fondo de aquella oscura gruta observaron un resplandor dorado. Se arrastraron por el suelo silenciosamente para no despertar a los sanguinarios murciélagos mutantes, y al llegar al fondo de la gruta se dieron de bruces con el escorpión, que medía tres metros, justo cuando el volcán entraba en erupción. Thomas se aferró al enorme aguijón verde y Linda saltó por entre las pinzas del escorpión en dirección a la resplandeciente veta dorada. En una de las paredes se abrió una grieta que empezó a escupir lava incandescente. Linda dirigió una mirada rápida a la pared, pero se armó de valor y volvió a la veta dorada. Parecía estar poseída. De pronto se oyó:

    -¡¡¡Mamá, no!!! ¡¡¡Es pirita!!!

    Linda salió del trance y los tres huyeron a toda velocidad, perseguidos por un río de lava y un escorpión gigante. Se colaron por un agujero inesperado y acabaron cayendo por las cataratas cristalinas a lo más profundo del lago de las sanguijuelas sedientas. Ya en la orilla del lago se arrancaban las sanguijuelas y sonreían aliviados mientras caía la tarde sobre la jungla. Pero, ¿como supiste que era pirita?, preguntó Linda a su hijo. Él la miró, arqueó las cejas y se alejó en silencio hacia el crepúsculo.

    Todo eso parecía insinuar el pirita, y la gente parecía creérselo. Yo pensaba que no era más que un gilipollas que llevaba en el bolsillo una bolita de mierda.

    II

    El de la corbata rosa seguía hablando de motivación, de esfuerzo, de estrategias de venta: es un mercado difícil y todos quieren un pedazo del pastel. Es una carrera, y hay que llegar el primero. De pronto nos miró muy serio y formuló una pregunta:

    -En esta carrera, ¿quién creéis que se lleva el pedazo más pequeño del pastel?

    Segundos de silencio. Suspense, intriga. El último, susurró alguien. El de la corbata rosa sonrió maliciosamente, esperó unos instantes y dijo en voz baja, como revelando un importantísimo secreto:

    -El segundo –hizo una pausa-. En esta carrera, el segundo no se lleva nada.

    Más silencio. Expresiones de sorpresa. Pues yo habría jurado que era oro, me pareció oír.

    -Somos muy buenos. Pero tenemos que ser los primeros –sentenció.

    Luego llegó otro tipo parecido al anterior pero con corbata verde y nos hizo visionar un montón de gráficas en la pantalla mientras soltaba una monserga sobre el éxito de nuestro producto. De pronto apagó el proyector, nos obsequió con una sonrisa de complicidad y dijo:

    -Tengo que confesaros algo.

    Yo soy el hijoputa que os ha reducido el bonus, pensé. La gente se miraba intrigada. El tipo se sentó en la esquina de una mesa y cruzó las piernas dejándonos ver uno de sus calcetines. Respiró hondo y dijo:

    -Somos una empresa muy odiada.

    Pausa. Dios mío, quién lo hubiera dicho. ¡Esto es el fin! ¡Con lo chachi que nos creíamos! ¡Estamos acabados, vamos de cabeza a la cola del paro!

    -Sí. Aunque no lo creáis, nos odian -pausa-. Nuestros competidores nos odian a muerte. Nos odian porque donde nosotros hoy estamos, ellos sueñan con llegar. Y cuando ellos lleguen, nosotros ya no estaremos: porque habremos llegado mucho más alto.

    Nos sonrió y arqueó las cejas. La gente aplaudía. Él se encaminó lentamente hacia el crepúsculo.

    Sin duda seguíamos estando en el patio del colegio. Solo que algo había cambiado: los ingenieros, contratados porque corríamos más rápido, saltábamos más alto, leíamos libros enteros y contestábamos correctamente a todas las preguntas, callábamos y nos mirábamos. Ahora los que destacaban eran los gilipollas con sus pequeñas bolitas de mierda.

    Ellos habían llegado alto, muy alto. Habían sorteado tiburones y tarántulas, habían matado al temible escorpión verde y habían conseguido hacerse con un buen trozo de la veta dorada. Solo que la empresa no se había dado cuenta de que aquello era pirita. Se lo había comprado a precio de oro y lo había pagado con nuestro bonus de Navidad.

    Mientras abandonaba la sala de reuniones sentí algo grande, muy grande. No sabía exactamente lo que era, pero hasta la ultima de mis células me gritaba: mal vamos, chaval.

    Contradictio in terminis

    Archivado en Reflexiones por adehoces, 9 de Enero de 2007

    La banda terrorista ETA declara que el alto el fuego sigue vigente.

    Si damos por válido que algo pueda seguir vigente después de haber sido interrumpido, también podríamos afirmar que tras asesinar a mil personas, la banda terrorista ETA sigue sin matar. E incluso que a día de hoy, ETA continúa con la política pacifista que viene aplicando desde su formación en 1962; una política que se ha aplicado de forma permanente entre atentado y atentado.

    Si no fuese por la seriedad del asunto, me daría la risa. Aunque esto no deja de tener una lectura positiva: el loco más peligroso es aquel que está firmemente convencido de su delirio y es suficientemente poderoso e inteligente como para llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Alguien que se deja en ridículo con semejantes incoherencias deja claro que ni es en absoluto inteligente ni está firmemente convencido de nada; difícilmente será poderoso mucho más tiempo.