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    On the desk

    Archivado en La columna por adehoces, 24 de Febrero de 2006

    Cuando llegué a Irlanda ya contaba con un buen nivel de inglés y un amplio vocabulario informático, aunque limitado al aspecto técnico del asunto: ratón-mouse, cagada-bug, y todo eso. Pero en las reuniones al principio me perdía, con tanto vocabulario de marketing, business y tal. En los casi tres años que llevo aquí ya me defiendo perfectamente, así que en vista de que España va tan bien que todo el mundo se está pirando al extranjero, he recopilado las expresiones más comunes de management, por si a alguien pudieran serle de ayuda.

    Allá van.

    “We are looking for experienced engineers; this is a great opportunity to become a part of a young growing company. Great bonus package offered”

    Mi compadre y yo tenemos algo de pasta, unas oficinas y unas grafiquitas de colores; buscamos unos cuantos tipos que sepan de qué coño va todo esto. El café es gratis.

    “We are looking for an energetic, self motivated individual with a strong background in computer technology who is willing to learn new things in a rapidly changing environment”

    Se busca pito del sereno.

    “Conceptualize the product”

    Marear la perdiz.

    “Brainstorming”

    Fiesta de conceptualizing.

    “Today we have a brainstorming meeting with the development team to conceptualize the product”

    Hoy mi compadre y yo tenemos una fiesta de marear la perdiz con los pitos del sereno para marear la perdiz.

    “Status meeting”

    Reunión mensual en la que le dices a tu jefe lo que te tiene que decir que hagas durante el mes siguiente y le recuerdas lo que le dijiste que te dijese que hicieras el mes anterior y nunca te dijo pero aún así hiciste.

    “This year the company will readjust the incentive program to focus on actual mid-term targets, so that we can be more proactive and achieve better response times”

    Este año no hay subida de sueldos.

    “Although the current prototype could be technically enhanced, from a business perspective it fulfils the customer needs”

    Esto se entrega como está, aunque los ingenieros digáis que es una mierda.

    “The marketing team has successfully identified the weak points in the current version”

    Oye, pues es verdad que era una mierda.

    “To add value”

    Recortar presupuesto.

    “This year we will increase the company value by optimizing resources”

    Este año tampoco hay subida, y se acabó el café gratis.

    “The company is changing the business strategy from product development to professional services”

    Acepción 1. Como no sabemos ordeñar, alquilaremos las vacas.

    Acepción 2. Manolo, desempolva el CV que vienen curvas.

    Total, que my tailor is rich and my mother is in the kitchen.

    Paraísos perdidos

    Archivado en La columna por adehoces, 17 de Febrero de 2006

    Esta mañana, contra todo pronóstico, ha salido el sol sobre Dublín. No hay una sola nube; anoche llovió a mares y hoy todo está limpio, reluciente. En el tren voy contemplando el paisaje: casas bajas y oscuras con chimeneas humeantes, ríos de brillos dorados sobre la hierba húmeda. El tren avanza lentamente, los motores laten como un corazón dormido.

    Somos diez o doce personas en el vagón, compartiendo en silencio el onírico viaje. Todos sonreímos casi imperceptiblemente. Yo me pongo los auriculares y me dejo acariciar por las cálidas notas de Pat Metheny. Miro al horizonte y el tiempo se detiene.

    Es en momentos como éste cuando uno siente que no, que toda esa violencia, todo ese odio, no pueden ser inherentes al ser humano. Tienen que ser las circunstancias. Todo podría ser diferente, por más que esos señores cabreados que salen por la tele se empeñen en convencernos de que todo está bien como está, de que así son las cosas porque así tienen que ser. Son los pasos lógicos, el ser humano es competitivo y así se refleja en la sociedad, no puede evitarse una carrera armamentística, siempre habrá buenos y malos…

    En mi vagón sobran asientos y hay sol para todos. Yo no siento el más mínimo impulso competitivo. Tampoco veo buenos ni malos. El bien y el mal son casi siempre cuestión de perspectiva, y para que haya diferencia de perspectivas tiene que haber un conflicto. Casi podría concluirse que la competitividad es la raíz misma del bien y el mal.

    Me pregunto qué pasaría si de pronto un tipo se adueñase de la mitad Este del vagón, levantase un muro en el pasillo con una puerta blindada y nos cobrase la entrada al imperio del sol. Entonces no nos quedaría más remedio que ser competitivos. O eso, o derribar el muro.

    Llego a la oficina, y al ojear las noticias encuentro una agradable sorpresa: un equipo científico ha descubierto en Indonesia una especie de Jardín del Edén, con docenas de nuevas especies de animales y plantas. Canguros de pelaje dorado, ranas de árbol, pájaros de oro… Curiosamente no muestran temor alguno ante la presencia de seres humanos.

    Me pongo a trabajar para poder costearme mis cuatro semanas al año al otro lado del muro, confiando en que queden más paraísos perdidos fuera del alcance del hombre. Así, cuando la humanidad haya dado todos sus pasos lógicos y finalmente nos hayamos aniquilado, quedará algún ser inteligente sobre el planeta para disfrutar pacíficamente del sol y la hierba.

    Caza de brujas

    Archivado en Reflexiones por adehoces, 8 de Febrero de 2006

    -Así que usted es el autor del manual de instrucciones de la vida humana.

    -En efecto, lo escribí hace muchos años.

    -¿Qué le impulsó a hacerlo?

    -Quería definir y formular la vida en su totalidad para que nada fuese ya imprevisible, para saber qué hacer en todo momento.

    -O sea, que partió usted del miedo.

    -¿Acaso no tenemos miedo todos nosotros? Valga como prueba que el libro sigue siendo un best-seller.

    -Su formulación es en apariencia correcta, pero parte de muchas premisas de dudosa veracidad. ¿Permite usted que se modifiquen sus fórmulas cuando aparecen contraejemplos?

    -En absoluto. El libro está patentado y yo soy el propietario de todos los derechos. Tenga en cuenta que la campaña de marketing está basada en la sólida apariencia de verdad absoluta; es esta solidez junto con el efecto placebo lo que mitiga el miedo. Si se pusiera en duda la veracidad del manual, caerían las ventas.

    -¿Qué hace entonces con los contraejemplos?

    -Primero intento silenciarlos. Si se resisten, intento desacreditarlos. Y, en última instancia, los aniquilo.

    -¿Usted solo?

    -No, para nada. Son muchos los clientes que hacen de mi formulación el sentido de su vida, y siempre están dispuestos a defenderla.

    -Así que consigue usted convertir el miedo en beneficios.

    -Es un buen modelo de negocio, sí. Modelo win/win: yo gano, los clientes ganan.

    -¿Y qué hay de la libertad?

    -¿La libertad? Es justamente el miedo a la libertad la causa primaria de todo.

    Inspirado en la caza del hereje por parte de la iglesia, la persecución del comunismo por parte de USA, la guerra santa, los muertos en dictaduras de ambos extremos, las banderas europeas recientemente quemadas, y en memoria de Gandhi, JFK, Lennon, Luther King, y tantos otros contraejemplos que lucharon por la libertad y murieron a manos de clientes satisfechos del miedo.

    Las cinco íes

    Archivado en La columna por adehoces, 3 de Febrero de 2006

    Viernes por la tarde. Salgo un momento de mi cubículo para ir a correos a enviar un libro dedicado que se me había traspapelado. El envío cuesta dos euros, aunque a primeros de Enero mandé una tanda de veinte y me los cobraron a dos cincuenta. Habrán subido los precios con el nuevo año, me dije. A los pocos días me volvieron a cobrar €2. Pues la semana pasada me soplaron diez euros de más, pensé entonces. Diez euros no le sacan a uno de pobre, pero recordé aquella vez que un banco me mandó una carta advirtiéndome de la posibilidad de embargo si no regularizaba los cien duros de números rojos y me cabreé un poco.

    Llego a correos y me pongo en cola detrás de una negra enorme, que pregunta en inglés chapurreado cuánto tiempo tardará en llegar algo a Nigeria. Entre cinco y diez días laborables, responde una voz femenina, rápida y cortante. La señora no se entera y pide que se lo repitan. La voz se lo repite con exactamente las mismas palabras, a la misma velocidad y en el mismo tono. La señora desiste y se larga. Me toca.

    Detrás de la ventanilla está la funcionaria. Rubísima ella, extremadamente delgada, casi etérea. Sería guapa de no ser por las ojeras y la mueca de desprecio. Pongo el sobre en el peso.

    -Desearía mandar esto a España por correo aéreo.

    -Son €2.50 -dice, sin levantar la vista de su monitor.

    Vaya. Esto ha vuelto a subir.

    -Disculpe, normalmente me cobran €2, ¿por qué hoy son €2.50? -pregunto.

    -Va por peso. Lo suyo son €2.50 -me obsequia con una mirada fugaz y vuelve a su monitor.

    Leo el indicador de la balanza. Doscientos diez gramos. Insisto:

    -Pues mire, siempre envío lo mismo y normalmente me cobran €2.

    La tipa me espeta:

    -Bueno, por cincuenta céntimos no vamos a discutir, ¿no?

    A mí eso de que dos y dos sean cuatro o dos cincuenta según le sople el viento a una pijita vaporosa no es que me agrade. El mal tono de la desafortunada respuesta me cabrea un poquito más. Casi puedo adivinarle el pensamiento: “estos inmigrantes coñazo que no se enteran de nada y que siempre andan regateando…son dos cincuenta porque lo digo yo, que para eso aprobé mis oposiciones”.

    Decido que no puedo despreciarla por algo que yo he imaginado, así que la desprecio solo por incompetente e ineducada. Contemplo la posibilidad de que su balanza marque más de la cuenta, y aclaro que no pretendo discutir ni regatear, pero que si me cobran precios diferentes por exactamente lo mismo alguien está cometiendo un error. La señorita replica en muy mal tono que aquí nadie está cometiendo ningún error y que esto es lo que hay. Discutimos durante cinco minutos y abandono la ventanilla de las lamentaciones antes de cabrearme en serio.

    Peso el paquete en la balanza de la ventanilla de al lado. Lo mismo, doscientos diez gramos. Ojeo rápidamente un folleto con las tarifas: envíos a Europa de hasta doscientos cincuenta gramos, €2. Esto ya es algo personal. Le pregunto a la señorita de la otra ventanilla, y me da la explicación definitiva:

    -€2 si es una carta, si es un paquete son €2.50

    Desisto y me largo de allí, preguntándome cómo cojones se escribe una carta de doscientos gramos que no sea un libro. Pues nada, que sean €2.50. El hecho de que me hayan cobrado menos en otras veinte ocasiones pasa a engrosar mi lista de Expedientes X.

    Durante el fin de semana me atormentan horribles visiones de la funcionaria pegándose la fiesta padre en una limusina a costa de mis 50 céntimos. El lunes vuelvo por allí con diez libros más, y me toca la misma tipa. Llevo los €25 preparados.

    -Son veinte euros -le dice al monitor.

    La leche. Esto empieza a resultar molesto. No puedo evitar que se me escape una sonrisa al decirle:

    -Qué, ¿otra vez han bajado los precios?

    -¿Perdón? -me mira, y me reconoce.

    -El viernes se pasó usted diez minutos convenciéndome de que el precio es €2.50 por paquete.

    A ver por dónde me sale ahora.

    -¡Ah no, yo no voy a pasar otra vez por esto!

    Como siempre, las cinco íes vienen juntas: incompetente, inflexible, ineducada, insolente, imbécil. La señorita consigue sacarme de mis casillas.

    -Por favor, explíqueme de forma clara y concisa por qué me cobra dos precios diferentes por exactamente el mismo envío -la miro fijamente, pero no me sostiene la mirada.

    -Si el viernes le cobré un precio distinto es porque el envío era distinto.

    -Oiga, llevo desde octubre del año pasado enviando el mismo artículo.

    Estoy visiblemente molesto, pero guardo las formas. La cosa va tomando tintes cada vez más surrealistas. Le explico por activa y por pasiva que siempre mando el mismo libro.

    -El viernes el sobre era más grande, ¡y no me va a decir que no, porque me acuerdo perfectamente!

    La tipa ha perdido totalmente los papeles. Habla con esa mueca apretada de niña caprichosa a la que nunca le han llevado la contraria.

    -Primero, el sobre era el mismo, hace poco compré un paquete de cien. Y segundo, ¿se puede saber qué demonios tiene que ver el tamaño del sobre?

    -Es que si el sobre es más grande, pues el envío parece más un paquete.

    Ya me sulfuro del todo y le digo:

    -Oiga, esto es ridículo. Es usted una absoluta incompetente y además no tiene modales.

    Nos enfrascamos en una acalorada discusión sobre el sobre, valga la rebuznancia. Me percato de que todo el mundo me está mirando y vuelvo a experimentar esa desagradable sensación: tengo la razón, y por defenderla estoy quedando como un capullo.

    Acabo pidiendo el libro de reclamaciones, y llega otra empleada a poner paz:

    -Señor, ¿va usted a poner una reclamación por una simple cuestión de opinión?

    Ah, qué sencillo. En estos tiempos, al parecer todo es una cuestión de opinión. Equivocarse es un derecho, exigir no ser víctima de las equivocaciones de los demás es puro fascismo. Los memos nos están ganando la partida.

    Total, que me largo de allí con mi hoja de reclamaciones, a rellenar convenientemente en casita. Me doy perfecta cuenta de que, a efectos prácticos, he sido el típico cliente coñazo que monta el pollo por 50 céntimos. Me da igual, por suerte nací con útiles defectos de fábrica como el orgullo o la soberbia, que me permiten respirar el aire que me corresponde sin sentirme culpable por ello. Pero no puedo evitar pensar en la cantidad de gente que va por la vida con las cinco íes. Gente que tiene hijos, alumnos, novios, esposas, subordinados, individuos que son sistemáticamente tildados de problemáticos solo porque su sentido común desafía la estupidez generalizada y que acaban por creerse bichos raros.

    No puedo evitar entristecerme un poco, pero de pronto caigo en la cuenta de que podría haber tenido peor suerte en la vida: podría haberme tocado ser un imbécil de mirada esquiva.

    Cada vez más cerca

    Archivado en Reflexiones por adehoces, 1 de Febrero de 2006

    “El presidente de EE UU, George W. Bush, ha reiterado en su quinto discurso sobre el estado de la Unión la necesidad de mantener el compromiso que su país tiene para terminar con la tiranía en el mundo, y por lo tanto mantener tropas en Irak

    (ELPAIS.es - Internacional - 01-02-2006)

    “La guerra es la paz . La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza

    (George Orwell, “1984″)

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