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    Bailando con ratas

    Archivado en Fuckowski, memorias de un ingeniero por adehoces, 21 de Noviembre de 2004

    I.

    Mi cuerpo y mi mente estaban encerrados en mi cubículo documentando una arquitectura Java que había creado, en ratos perdidos entre parche y parche, para intentar no perder más ratos parcheando. Mi espíritu lloraba por salir de allí, e ir hacia el este a contemplar los anillos de humo entre los árboles.

    And it makes me wonder…

    Pero siempre que me ponía Stairway to heaven en el mp3 había algún indeseable deseando joderme la parte del solo. Esta vez fue Roberto, la rata. Me golpeó en el hombro, me giré, y me encontré con su plástica sonrisa autosuficiente. Me quité los auriculares.

    -¡Fuckowski! ¡Que te está sonando el teléfono!

    -Eh… gracias.

    Cogí la llamada. Era la secretaria, para informarme de que mi mentor (ese individuo cuyo trabajo consistía en pintar la mierda de rosa) quería hablar conmigo.

    -Vale, subo en cinco minutos.

    Colgué. La rata me habló:

    -¿Vas a erre hache? -le gustaba hablar con siglas. Así si alguien le preguntaba qué era erre hache, podía darse el gusto de gritarle ¡Pues Recursos Humanos, hombre! y reír a carcajadas y alimentar un poco sus delirios de superioridad intelectual. En realidad el concepto no importaba, sólo saberse las siglas. Él pensaba que inteligencia y memoria eran lo mismo. Como todos los tontos.

    Si tenías que hacer un juicio rápido sobre alguien con quien ibas a tener que trabajar, podías aplicar una sencilla regla: a más siglas, más incompetente.

    -Sí, en cuanto suba esto al servidor -le dije.

    -Vale, voy contigo.

    Yo le llamaba la rata por dos razones. Una, por su nariz respingona y esos dos dientes de roedor sobresaliendo de su insufrible sonrisa. La otra, por su actitud. Era de esos que, en el retorcido laberinto de la sociedad de consumo, vivían tan a gusto en algún agujero infecto que decoraban con pedacitos de sus propios excrementos, y cada día a la misma hora salían a buscar desperdicios, los clasificaban y ordenaban meticulosamente, y los atesoraban en sus oscuras madrigueras.

    Había muchas personas rata. A la mínima oportunidad aprovechaban para contarte con todo detalle cómo ellos siempre eran los primeros en encontrar desperdicios, cómo se quedaban con los mejores pedazos, cómo se sabían cada atajo y cada resquicio del sistema. También acostumbraban a hablar largo y tendido sobre su museo de excrementos. Parecían felices.

    Las ratas subsistían bien en el laberinto, estaba hecho a su medida. El problema era que no podían elevar su cabeza sobre él, sólo podían verlo desde dentro. Era su mundo. Yo no tenía alma de rata, tenía alma de pájaro. De pájaro triste de alas desperdiciadas. El sistema siempre me había producido claustrofobia; iba a echar a volar a la primera oportunidad que tuviese. Lejos, bien lejos. Ya había dado algún que otro vuelo y había podido contemplar el laberinto desde arriba. No era más que una caja negra poblada por una colonia de ratas, que consumía recursos y acumulaba mierda. Una caja negra destructiva y contaminante, que hacía rico a algún hijo de puta que vivía lejos de ella. Y encima, por si las ratas se le cabreaban, les había escrito un libro explicándoles que protestar es de idiotas infelices, que lo inteligente es callarse y seguir buscando desperdicios. La biblia de la rata feliz.

    ¿Quién se ha llevado mi queso? Fácil. Un hijoputa retorcido. Pero de esto no se podía hablar con las ratas. La luz les hacía daño.

    Subimos a recursos humanos. Dos pisos le bastaron a Roberto para contarme su plan con pelos y señales. Iba a solicitar que le redistribuyesen la nómina, quitando aquí y poniendo allí, aumentando las dietas de locomoción, para pagar un 2% menos de impuestos y blablabla…

    Era bueno manejando desperdicios.

    -¿Qué te parece, Fuckowski?

    -No sé, yo soy un águila imperial.

    -¿Y en qué estás ahora, águila? -él pensaba que yo estaba pirado. Igual tenía razón.

    -Un portal inmobiliario. J2EE.

    -Ya veo, ¿has usado GLAS?

    -Pueees, no.

    Acrónimos, más acrónimos. Ni puta idea de lo que era GLAS, pero no le iba a dar el gusto de preguntárselo. Cualquier día iba a mandar a Roberto a tomar por C.

    -Deberías considerarlo, la curva de aprendizaje es mínima y reduce tiempos.

    Él se sentía superior a mí. Yo me sentía de una naturaleza distinta a la suya. No había conflicto posible.

    II.

    Entré al despacho del mentor, esa habitación a la que llegabas contando que te estaban dando por el culo y salías convencido de que la empresa estaba combatiendo tus hemorroides. Estaba preparado para mi ración de pintura rosa.

    -Buenas tardes, Sr. Fuckowski, siéntese por favor. ¿Va todo bien?

    Pues parece ser que no, a juzgar por esa sonrisa de judas.

    -Hola, sí, sin novedad.

    -Bien, bien. ¿No va a ir el sábado a la cena de la comunidad?

    Ah, copón, que era eso.

    -No…

    -¿Por algún motivo en concreto?

    ¿Qué tal “ya tengo una vida en otra parte”?

    -Pues no, nada en especial, tengo otros planes. Es que es en sábado.

    Demasiada tortura era estar encerrado en la caja negra de lunes a viernes.

    -Nos lo vamos a pasar muy bien…

    Sí, sí. Comeremos, beberemos, reiremos… desfilaremos y cantaremos canciones corporativas. Luego repartirán puros y billetes de 500 para todos.

    -Ya, no digo que no, pero es que no me van mucho estas cosas.

    -Fuckowski, el no tomar parte en actividades de grupo perjudica su imagen…

    -Ah. ¿Y que tal la jornada de veintidós horas seguidas del viernes pasado? ¿No compensa eso un poco?

    -La empresa no tiene la más mínima duda acerca de la calidad de su trabajo, señor Fuckowski. Es una simple cuestión de actitud. Tiene usted un brillante futuro en ésta compañía.

    Sí, y un presente más negro que los cojones de un grillo.

    -Bueno, de eso no estoy tan seguro. Entré en condiciones infrahumanas con la promesa de una “carrera profesional”. Pero mis responsabilidades crecen a pasos agigantados, y mi salario tan sólo un poco más rápido que el IPC. O sea, que entré muy mal y cada vez estoy peor.

    -Debería usted darle una oportunidad a la gente.

    Eso es salirse por la “tan-gente” y lo demás son gaitas. No podía explicarle a él que yo no la tenía tomada con toda la gente, si no con la que todavía quedaba allí. La empresa llevaba funcionando 5 años. Todos los buenos ya se habían largado. Yo llevaba allí trece meses y a veces pensaba en el suicidio. Los que quedaban, parecían felices. Estaban completamente locos.

    -No es la gente. A mí me gusta vivir a mi manera.

    -Tendría que considerar adaptarse un poco a su entorno, le reportaría más de una satisfacción.

    Por supuesto. La satisfacción del conformismo. La aceptación del rebaño. El NO de la razón consolado por el SI de los tontos. Ni pensarlo.

    -¿Puedo seguir diciendo que no?

    -Ah, tiene usted un perfil difícil…

    Ya estamos con la historia de los perfiles. Nos contaban una mentira, y nos clasificaban según la posición que adoptábamos dentro de ella. El emprendedor, el conciliador, el motivado, el comepollas.

    Yo no tenía perfil. Yo afirmaba que todo era mentira y me sorprendía que los demás se lo creyesen. Al tiempo todo reventaba, y las ratas en vez de aprender de sus errores simplemente se iban a buscar otra mentira metida en caja negra con desperdicios para todos, y vuelta a empezar. Aún tendríamos que ver varias guerras mundiales.

    Quince minutos después ya empezaba a sentirme mareado. Parecía que los cursos de mentoring estuviesen diseñados específicamente para darle la brasa a la gente como yo. Al final cedí por puro agotamiento.

    -Bueno, me pasaré -dije.

    Iría, me emborracharía a costa de la empresa y comprobaría una vez más por qué quería largarme de allí.

    Salí de aquel despacho untado de pomada hemorroidal, bajé a la cantina y me serví un café. Era casi la hora de salida.

    De camino a mi cubículo me crucé con Libertad. Su nombre era lo que yo buscaba en la vida. Ella bien podría ser lo que yo buscaba en una mujer, si es que lo sabía.

    -¿Qué tal, Lib? ¿Vas a la cena del sábado?

    -¡Hola! Sí, iré, no tengo planes.

    -Vale, allí nos veremos. Me voy a recoger mis cosas…

    Lib y yo habíamos salido varias veces. Era probable que cualquier día empezásemos una relación seria, pero por alguna razón nunca nos habíamos sentido obligados a ello, lo que hacía único cada uno de nuestros encuentros.

    Recogí mis cosas, y antes de apagar mi PC me metí en la Intranet y busqué “GLAS”:

    GLAS. Ground Level Architecture System
    Framework J2EE de bajo nivel. Know how: Fuckowski.
    Desarrollo interno. En fase de documentación. Funcionalidades: encapsulamiento de acceso a datos, integración con http, validación de formularios, parseo de XML.
    Observaciones: Curva de aprendizaje mínima. Reducción de tiempos de desarrollo.

    Mi arquitectura. La rata me había chuleado con mi propia arquitectura, porque yo no sabía como coño la habían bautizado. Tenía cojones la cosa.

    Algunos brillaban con reflejos del talento ajeno. ¿Sería eso el “valor añadido”?

    III.

    La cena. Todavía no habían llegado los primeros platos, y Lib y yo ya estábamos medio borrachos. Ella era mejor con la gente que yo; al menos tenía paciencia para escuchar. Yo me limitaba a quedarme ahí, observando, preguntándome por qué yo no sentía el impulso irrefrenable de contarle a todo el mundo cuántos canales de TV tenía en casa, cuántos cajones tenía mi congelador, cuántas capas tenía el papel con el que me limpiaba el culo.

    No tenía televisión por cable, mi congelador siempre había estado vacío, y normalmente me limpiaba el culo con los análisis funcionales de Monchito.

    Para cuando acabó la cena llevaba unos tres litros de cerveza encima. Lib era atractiva, pero a esas alturas estaba del todo irresistible. El personal del hotel abrió el bar y nos indicó que teníamos barra libre.

    Pasamos al bar, y yo me fui directo a por dos gin-tonics. Cuando volví, Lib charlaba con Roberto, o más bien ella prestaba atención al monólogo de él. La rata sostenía un papel con una mano, y con la otra le señalaba algo a Lib:

    -Y aquí me voy a hacer un despacho, para cuando me lleve trabajo a casa…

    Le di a Lib su cubata.

    -Voy al servicio, ahora vuelvo -dije.

    Exposiciones del museo de la mierda no, gracias. Fui al WC, me miré al espejo y me pregunté qué cojones estaba haciendo allí.

    A la vuelta encendí un cigarro y me perdí entre la gente. Minglanillas y otros cuantos charlaban animadamente sobre algo. Me acerqué y pegué el oído:

    -Yo le mataría sin dudarlo un instante. Y luego dormiría tan tranquilo.

    -Pues yo creo que no tendría valor para hacerlo, aunque se lo tendría merecido.

    -Y tú, ¿qué harías, Fuckowski? -me preguntó Minglanillas.

    -Lo siento, no se de que habláis -le dije.

    -Si pudieras retroceder en el tiempo hasta el año que nació Hitler, sabiendo lo que sabes ahora, ¿te lo cargarías? ¿serías capaz?

    La historia de siempre. Discutían sobre la posición de cada uno en un planteamiento erróneo.

    -Es una pregunta con trampa -dije-, una vez formulada no hay respuesta correcta.

    Me miraban sorprendidos. Proseguí:

    -Discutiendo sobre esto, estamos aceptando que Hitler nació Hitler, que si volviese a nacer volvería a suceder lo mismo. Le echamos a él la culpa de todo. El tío era un hijoputa, cierto. Pero, ¿qué me decís de la sociedad en la que vivió, de la educación que recibió, de la coyuntura política? ¿Qué le hizo ser así? Por no hablar de los que le votaron, los que le siguieron, los que cumplieron sus órdenes, los que echaron la vista a un lado hasta que ya fue demasiado tarde. Lo que planteáis no es una pregunta, es una disculpa a la estupidez de la humanidad.

    -Eres un aguafiestas, Fuckowski -dijo alguien, pero yo ya me estaba yendo.

    Ese era mi perfil, el del aguafiestas. El aguafiestas de las fiestas de despropósitos.

    Y por si no tenía suficientes despropósitos, el mentor se subió al estrado. Bajaron la música y le dieron volumen a su micro.

    -Buenas noches. Ante todo, quiero daros las gracias por vuestra asistencia. Aprovechemos este momento para hacer un brindis por la comunidad A1…

    En la empresa, los empleados estábamos divididos en secciones. En breve, cada individuo tendría su numero tatuado en la frente. A veces me arrepentía de haber leído 1984.

    El mentor siguió con su discurso, que culminó en orgasmo:

    -Y por último felicitaros por vuestra profesionalidad y esfuerzo. Al cierre del año fiscal, la comunidad A1 ha facturado ¡un 32% más que el año pasado!

    Aplausos, risas, vítores, silbidos. Yo no lo entendía. Parecía que ese 32% nos lo fueran a dar en efectivo al día siguiente. Todos cobrábamos casi la misma mierda, pero algún superior soltaba una felicitación y un tanto por ciento, y todos segregaban endorfinas. A mí ese concepto de la felicidad no me entraba en la cabeza. La recompensa al esfuerzo era una palmadita en el hombro y una hipoteca con despacho para llevarse trabajo a casa. Oscuras madrigueras. No entendía como lo soportaban.

    De pronto subió el volumen de la música y nos obsequió con la moraleja de todo aquello:

    ¡No pares, sigue, sigue, no pares sigue, sigue…!

    La gente empezó a bailar aquí y allí. Algunos se colocaron formando un tren agarrándose por las cinturas. La rata iba el primero, para variar. El tren fue creciendo. Una chavala me cogió de la mano y me dijo:

    -¡Agárrate!

    -No gracias -solté la mano.

    -Oh, eres un soso, Fuckowski…

    Maldita sea. Yo había llorado escuchando a Mozart; su música me había partido el alma en dos y me había hecho llorar maldiciendo el hecho de tener que morir algún día. Y ahora, por no querer menear el culo al ritmo de un culo cantando, parecía que yo no sabía disfrutar la vida. Y te lo decia alguien que había oído Tu frialdad de Triana por primera vez en una versión de OT.

    Finalmente el tren humano se convirtió en un gran círculo cerrado que giraba y giraba. El mentor estaba en el centro, bailando y sonriendo. Yo me había auto excluido.

    Aquello representaba perfectamente la estructura de la sociedad: te pusieras donde te pusieras, siempre tendrías a alguien dándote por detrás. En el centro, algún cretino sonriente recitando su mantra de la felicidad: Hemos facturado un 32% más, España va bien, Estados Unidos está devolviendo la paz al mundo.

    Y las ratas tan felices, mientras la gran caja negra agotaba recursos y amontonaba mierda. Yo no quería participar en el baile. Era un aguafiestas y un infeliz.

    Libertad me cogió de la mano y me susurró al oído:

    -Vámonos de aquí.

    Me besó. Vámonos de aquí. Probablemente lo más romántico que me habían dicho nunca.

    IV

    Era una bonita noche. Paseamos despacio en dirección a mi casa sin perturbar el silencio.

    En el ascensor nos besamos delicadamente. Cuando se abrieron las puertas, saqué las llaves de mi bolsillo. Mi perro, Satán, reconoció el tintineo y empezó a ladrar. Al abrir la puerta de mi apartamento, cuarenta kilos de negra lealtad con forma de pastor belga se me echaron encima. Le dejé lamerme la cara, y acto seguido saludó a Lib sin dejar de mover el rabo.

    -Espérame en mi cuarto, si quieres -le dije a ella.

    Fui a la cocina, le puse a Satán su comida y saqué dos cervezas de la nevera.

    Entré a mi cuarto. Lib estaba tumbada en mi cama, fumando marihuana. Yo no podía abusar de la hierba. Me fumaba medio de esos y me pasaba tres días mezclando Java con C. Bueno, aún era sábado.

    Me tumbé a su lado y me agarré a ella.

    -¿Estás bien? -preguntó.

    -Sí, ahora sí. Pero el trabajo, la gente… no se. Estoy harto de todo.

    -¿Y qué quieres en realidad?

    -No estoy seguro. Quiero volar por encima de todo esto.

    -Volar. ¿Volar a dónde? ¿Qué quieres encontrar?

    -Aún no lo se. Pero al menos quiero tener la oportunidad de salir a buscarlo. Me siento encerrado. Tengo la amarga sensación de estar desperdiciando mi tiempo.

    -¿Y si no hay nada más?

    -Si no hay nada más, volveré. Pero tengo que comprobarlo.

    -¿Tienes algún plan?

    -Más o menos. He ahorrado algún dinero. Lo justo para coger un avión y empezar de nuevo en alguna parte. Quiero viajar, trabajar aquí y allí, ver el mundo…

    -Me recuerdas al poema de Sabines. Los amorosos siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte… Los amorosos son locos, sólo locos, sin dios y sin diablo… juegan a coger el agua, a tatuar el humo…

    Me encantaba aquel poema.

    -Puede que yo sólo sea un romántico. Pero no entiendo otra forma de vida.

    -Llévame contigo -me dijo.

    Bebimos, charlamos, nos besamos, reímos describiendo sueños que quizás estuvieran al alcance de nuestra mano.

    -Tenemos que ir a Florencia -dijo ella.

    -Por supuesto. Desde allí le mandaré una postal al gordo que diga: recuerdos a tu puta madre del David de Miguel Ángel. Yo también hacía mis pinitos con la poesía. Trazamos nuestro itinerario. Florencia, Praga, Dublín, Helsinki, Tokio, Sydney… el mundo se nos quedaba pequeño.

    Lib me pasó mi guitarra y dijo:

    -Tócame algo.

    Yo dejé la guitarra en el suelo, y me lo tomé al pie de la letra.

    V.

    Me despertó Satán, lamiéndome una mano. Era su hora de salir. Amanecía.

    Lib dormía plácidamente. La dejé en la cama, me vestí, cogí el mp3 y las llaves y salí del apartamento. Satán me seguía moviendo el rabo.

    La ciudad iba despertando. De camino a la playa paré en un bar, y pedí un café sólo en vaso de plástico. Llegamos a la playa y Satán corrió a la orilla. Yo me senté, me quité los zapatos y hundí los pies en la fría arena.

    A lo lejos sonaron las campanas de la iglesia. Me puse los auriculares y pulsé play en el mp3. Stairway to Heaven. Miré a mi alrededor. La arena, el mar, el horizonte. No había indeseables a la vista. Estaban en la iglesia, perdiéndose todos los milagros.

    Contemplaba el mundo. Veía evolución, energía, equilibrios de fuerzas, fractales. No encontré a dios por ningún lado. Dios era el gran acrónimo sin sentido, el camino más corto a ninguna parte.

    Las ratas bailaban al son de alguna imbecilidad mientras todo lo que en el mundo tenía algún sentido se iba irremediablemente a tomar por culo.

    Bush había sido reelegido. Algún día, si el orden mundial se desmoronaba y se montaba una gorda, las ratas fantasearían con hipotéticos viajes en el tiempo.

    Si pudieses volver al año en que nació Bush, sabiendo lo que iba a pasar…

    Imbéciles. Bastaba con no haberle votado.

    Satán jugaba con las olas, ajeno a la miseria del mundo. Una gaviota surcaba el cielo. Yo miraba al horizonte, preguntándome qué podía hacer yo.

    El horizonte me respondió, alto y claro:

    To be a rock, and not to roll…

    La importancia de llamarse Monchito

    Archivado en Fuckowski, memorias de un ingeniero por adehoces, 7 de Noviembre de 2004

    I.

    MAIL FROM: Marketing
    TO: Staff

    Estimados todos,

    Recordaros que el día 8 se cierra la convocatoria de presentación de eslóganes para el proyecto XNetCitizens, que será lanzado el día 15 del mes en curso (presenta tu propuesta pulsando [aquí]).

    Sin más, daros las gracias por la masiva participación en el concurso, y desearos suerte.

    Maika.

    Gilipolleces. Un portal con perfiles personales, chat, y mil y una chorradas para que cada friqui pudiera tener su alter ego Tolkiano y una o más novias virtuales, además de amigos de baja resolución. Pulsé el link.

    Concurso eslogan XNetCitizens.
    Introduce tu propuesta:
    ENVIAR.

    Pues no sé. ¿Qué tal “sal a la calle a que te dé el sol, coño”? O quizá “XNetCitizens, donde no te quitarán el bocadillo”. Estaba a punto de enviar la última frase cuando apareció mi obeso y sudoroso manager con un Empleado Sonriente No Identificado.

    El manager me lo presentó. Se incorporaba a la fase de pruebas. No recuerdo cómo se llamaba el menda. Andrés, Román, qué mas da. El caso es que era un capullo. Al principio casi me cayó bien, cuando él pensaba que yo le convertiría en desarrollador. No tardó en irse todo al traste.

    Era bajito, delgado, de piel blanca y mofletes rosados, y siempre tenía una sonrisa infantil muy forzada. Parecía un muñeco ventrílocuo, así que lo bauticé mentalmente como Monchito y aquí paz, y allí gloria.

    Por lo visto era licenciado en matemáticas. Había dado clases en un par de colegios, y luego había asistido a un curso de ofimática avanzada. No mucho después entró en la empresa de Junior Tester. Y era bueno, muy bueno. No se le escapaba una. Tras sólo dos días en mi proyecto presentó un informe que me sacó una sonrisa. Daba gusto ver a alguien preocupándose por lo que hacía. La tercera pantalla tiene mal ordenada la tabulación de cajas de texto, inconsistencia estética en la pantalla de log out, el menú no se visualiza correctamente con Mozilla, tipo de letra incorrecto en dos opciones de la barra de navegación… en total sesenta y dos incidencias. El tío trabajaba a conciencia.

    Él repasaba y yo parcheaba. Escudriñaba el producto de forma inmisericorde. Me tenía machacado, pero era mejor que tener a algún inútil mareando la perdiz y que las incidencias te las acabara indicando el cliente, cabreado y con prisas. Bajamos a la cantina a tomar un café. Él me preguntó:

    -¿Cuál es exactamente tu puesto? Parece que te encargas de todo, desarrollo, sistemas, soporte…

    -Sí, mi puesto es Pito del Sereno. Pero en mi contrato pone Desarrollador Senior, si es lo que quieres saber -respondí.

    -Eso. Yo quiero ser desarrollador.

    A un matemático le resultaría fácil manejar la algoritmia, las funciones, los objetos. Un poco de lenguajes formales, otro de OOP, y ya podría empezar. El TCP/IP era otra historia. A alguien que había hecho un simple curso de ofimática no le iba a resultar fácil asimilar todo el tinglado. Código java que se ejecuta en un servidor, con objeto de crear HTLM que se envía a un cliente, normalmente incluyendo código javascript que se ejecutaría finalmente en el cliente quizá con referencias al servidor…

    -¿Estás seguro? Mira que si no es una verdadera vocación, resulta igual de agradable que clavarte astillas debajo de las uñas…

    -Ya será menos, con ese sueldo.

    Ah. El sueldo. Sí, yo cobraba más que él. Pero no estaba seguro de que compensara.

    Esa tarde le envié unos cuantos ficheros pdf de iniciación a la OOP, al TCP/IP, al J2EE. Si tienes alguna duda, no dudes en preguntar, le indiqué.

    II.

    A los cuatro días ya me estaba tocando los cojones. Tuvimos una reunión de diseño, el manager y yo. Monchito vino “por si podía dar alguna sugerencia”, y lo que dio fue un coñazo espantoso. Empezó a soltar improperios sobre robustez, dinamismo, flexibilidad, servidores, clientes, clusters… parecía que en vez de leerse mis pdfs se los hubiera metido por el culo.

    Pero siempre que el gordo soltaba alguna de las suyas (montar un cluster en un solo PC, compartir carpetas del servidor a todo Internet), Monchito asentía sonriente. Sí, sí, es una gran idea, oh, genial…. Me tocaba las narices, pero de pronto me imaginé a Monchito sentado en una mesa alta de una sola pata, con un traje rojo y los pies colgando, y al gordo engominado y vestido de frac metiéndole una mano por detrás de la cabeza para moverle la mandíbula.

    Un cluster en una sola máquina es robusto, ¿verdad Monchito?

    ¡Claro jefe! ¡Robusto como mis piernas de formica!

    Tuve que ir al servicio porque no me podía aguantar la risa. Quince minutos estuve allí dentro. Me relajaba, pensaba que se me había pasado, y cuando estaba a punto de entrar a la sala de reuniones me volvía a dar el ataque y tenía que volver al cuarto de baño. Cuatro veces tuve que repetir el proceso, y al entrar de nuevo a la reunión me forcé a pensar en la muerte de Chanquete para no descojonarme.

    Cada vez que yo sacaba el destornillador lingüístico y desmontaba alguna de las subnormalidades del gordo, Monchito me miraba raro. Normal. Otro que pensaba que leyendo revistas de decoración de interiores ya podía codearse con arquitectos. Entendía que Monchito se lo estuviese pasando bien jugando a los programadores; yo me lo pasaba bien de niño jugando a detectives. Pero coño, ahora iba en serio, cobrábamos por ello. Además fijo que la mierda que él generase (y tal y como había empezado, iba a ser mucha) la acabaría limpiando yo. Total que me fastidiaba ser una vez mas el aguafiestas, pero como dice el dicho, o follamos todos o tiramos la puta al río. Si yo tenía que programar de verdad, él también. Para payasadas ya teníamos el circo.

    La reunión aún duro dos horas. Tuvo de todo: payasos, elefantes, trapecistas, un mago que de su sombrero sacaba mierda tras mierda, y como actuación estelar, el domador de Fuckowskis. Eso fue al final, cuando el gordo empezó a aplicarme sus correctivos de actitud; los viejos todo es posible para un buen programador, hay que llegar a un compromiso entre calidad y valor, la técnica de Extreme Programming afirma que sólo hay que desarrollar lo que el cliente pide. En resumen, hagamos una gran chapuza para salir del paso, rapidito, y no me digas que no lo puedes tener para ayer. Y yo que bueno, que sí, pero que el análisis funcional lo hace Rita que para eso le pagan.

    Cuando acabó el número del domador, Monchito ya no me miraba raro. Me miraba por encima del hombro. Yo sé lo que pensaba: “el listillo éste, que se cree que yo no tengo ni puta idea”. Salimos de allí. Yo me fui directo a limpiar las cagadas de los elefantes; Monchito y el gordo fueron a comprar algodón dulce para irse dando pedacitos el uno al otro disfrutando de su reciente idilio.

    A la hora del almuerzo coincidimos en la cantina. Yo tenía algo que decirle a Monchito. Sabía que era un error, pero me sentía en la obligación.

    -Te recomiendo, en esto de la programación, empezar desde abajo. Está bien leer, mantenerse al día, pero hay que picar mucho código para dominar ciertos conceptos, los problemas que pueden plantear uno u otro diseño, etc… Ah, y no le prestes demasiada atención al manager, habla desde una perspectiva demasiado general -que bonito eufemismo para afirmar que en vez de cerebro, el gordo tenía una piedra pómez.

    -Oh, no seas tan negativo; ahora estamos trabajando en el análisis de la versión 2.4 y él se va a encargar de codificar, así que no creo que sólo tenga una perspectiva general…

    Espera. Demasiadas puñaladas para una sola frase. Primero, otro que me venía con el rollo del negativo. Luego, ¿trabajando en el análisis? ¿Así de fácil? De tester a analista del tirón, sin picar una línea. Tan sólo tomando carrerilla y usando mi páncreas como potro de salto. Pues qué bien. Otro jefe más. Y encima el gordo iba a codificar. Hala, cachondeo. Mañana llamamos a Curro Romero, que venga vestido de luces a hacer las css.

    Terminé de comer y me dispuse a volver a mi puesto de trabajo. La sobremesa siempre me la saltaba, prefería llevarme el café a mi mesa. Total, para quedarme en el gallinero cacareando prefería luego salir media hora antes y hacer algo constructivo, como sacar a mi perro por la playa, leer un libro o visitar a algún amigo (yo no había sustituido a mis amigos antiguos por amigos nuevos de dentro de la empresa; igual resultaba práctico pero no dejaba de ser una infidelidad. Además, me empeñaba en que mi vínculo con la empresa se limitase al salario; todo lo demás podía ser utilizado en tu contra).

    Dejé a Monchito solo en la mesa. Él era de esas personas que preferían estar antes muertas que solas, así que se levantó y se llevó su taza de café consigo. Se acercó a la mesa de dos chavalas con las que yo nunca había hablado. Sabía que trabajaban en la sección de SAP. Eran de esas que habían estudiado informática para hacerse las intelectuales preocupadas por la nanotecnología y el derretimiento de los polos, y justificar así el hecho de no tener novio. Que eran feas, vaya.

    Monchito hizo ademán de coger una de las sillas libres y dijo:

    -Hola, guapísimas, ¿os importa tomar café con un analista? -lo dijo con retintín, como diciendo “os tengo que contar esto”.

    -¡Oh, por supuesto que no, analista! -le sonrieron- ¿En que estás trabajando ahora?

    Aquello era superior a mis fuerzas así que me apresuré a salir de allí antes de que el analista empezase a cacarear. ¿Por qué coño era tan fácil para algunos conseguir el reconocimiento social? Llegas, te auto proclamas, y listo. Yo llevaba allí un año partiéndome los cuernos para salvar proyectos y normalmente me miraban como diciendo “a ver que le pica ahora a éste”. Me estaba equivocando en algo.

    III.

    Salía de la cantina dispuesto a conseguir reconocimiento social. Abrí la puerta. Tres consultores estaban a punto de entrar.

    -Por favor, dejad paso a un escritor -dije, y les guiñé un ojo.

    -Yo no veo ninguno -dijo uno de ellos, y entró mientras yo sostenía la puerta. Los otros dos le siguieron.

    Mal. Así no. Faltaba algo. Recordé a Monchito: hola guapísimas…. Joder, claro. Había que dar algo a cambio.

    Por el pasillo venía Ivon dando taconazos. Al cruzarnos le dije:

    -Ivon, guapa…

    -No tengo tiempo para crisis, Fuckowski.

    Cojones. Claro, Ivon no era fea. Había que averiguar dónde le picaba al otro y rascarle ahí. Llamé al ascensor. Cuando se abrieron las puertas, Juanma estaba dentro. Era un tío que no llegaba al metro sesenta, y se había metido en un gimnasio para crecer al menos a lo ancho. Siempre iba con camisas de manga corta para lucir sus bíceps, que tampoco eran gran cosa. El tío era una piltrafa. Entonces lo vi claro. Entré al ascensor y dije:

    -Aleja esos músculos, no vayas a quebrar mi frágil espíritu de escritor.

    -¡Jajaja! -rió estrepitosamente- Vaya, no sabía que fueras escritor ¿y sobre qué escribes?

    -Más que nada chorradas de ascensor.

    -Seguro que lo haces muy bien.

    Lo había conseguido. ¡Soy un ser social, soy un ser social!, pensé.

    Pues vaya mierda. Aquello era como hacer el sesenta y nueve con un travesti. Por una parte no se podía negar que daba cierto placer, pero por otra te comías una polla.

    Se abrieron las puertas y ante mí quedo la enorme oficina. Éramos doscientos. En ese momento me pareció, mas que nunca, una granja. Los que habían vuelto del almuerzo charlaban en sus cubículos. Yo esto, yo lo otro, mi nuevo tal, mi nuevo cual… Cacareaban y de vez en cuando ponían un huevo que se llevaba la empresa. Y seguían allí, rascándose los unos a los a los otros, dándose con los picos, quitándose insectos de debajo de las plumas.

    Eso hacía la gente. Poner huevos y darle al pico. Rascarse el ego, hablar de ellos mismos, distorsionar su imagen en el espejo de los demás para gustarse a sí mismos. Por alguna razón a mí nunca me había picado el ego. Tenía mis defectos y mis virtudes, pero yo me gustaba sin necesidad de distorsión. De hecho cuando me distorsionaban era cuando mas horroroso me veía.

    Un momento. ¿Y si muchas de las parejas de las que se dicen súper enamoradas que te cagas o sea te lo juro, en realidad se aman a sí mismos a través del otro? No quise profundizar en aquello. Aún conservaba la esperanza de formar, algún día, una familia mentalmente sana.

    Me senté a mi mesa, me puse los auriculares, y el Shine on your crazy diamond de Pink Floyd se elevó por encima del cacareo. Empecé a cerrar ventanas del navegador, y quedó al descubierto la Intranet. Concurso eslogan XNetCitizens. Introduce tu propuesta. Escribí:

    “Dichoso aquel que sólo le pica la curiosidad, porque podrá rascarse él solo”.

    Enviar. Pink Floyd seguía cantando. Yo seguía siendo un ser antisocial.

    Esa noche tuve un sueño espantoso. Iba al despacho del gordo a que me aclarase por qué me había mandado el análisis funcional en formato mp3. Al llegar a la puerta, oía voces. Llámame otra vez analista, por favor. Claro, pero tu llámame manager. ¡Manager, que estás hecho un manager! ¡Eso tú, pedazo de analista! Abrí la puerta de golpe y allí estaban el gordo y Monchito, en pelotas, cada uno sobándole la erecta polla al otro.

    -¿¡Pero que mariconada es ésta!? -grité.

    El gordo le metió la mano a Monchito en el agujero de la cabeza, y le hizo decir:

    -Oh, no seas tan negativo; sólo nos estamos masturbando. Tú también lo haces.

    Entonces me desperté, pensando: no es lo mismo, no es lo mismo…

    IV.

    Gané el segundo premio de eslóganes, y me tocó muchos los huevos. No sería el eslogan principal, pero aparecería en banners publicitarios. A la empresa le había parecido un ingenioso juego de palabras. Por una parte, mencionar el picor y la curiosidad atraería visitantes. Por otra, suavizaba el posible prejuicio acerca de los adictos al chat, dándole un toque intelectual en lugar de marginal, convirtiendo soledad en individualidad con el juego de palabras sólo/solo.

    Hostia puta. Suelto una frase inspirada en la agradable sensación de la libertad, y se convierte en un reclamo para friquis.

    Camuflar soledad marginal con individualidad intelectual. ¿Era eso lo que yo hacía? ¿Me había estado justificando todo el tiempo? ¿Qué diferencia hay entre emigrar y ser desterrado? Ante los ojos de los demás, quizás ninguna. Los motivos del emigrante eran excusas para el desterrado.

    Me levanté de mi asiento y miré a mi alrededor. No, yo no había sido desterrado. Yo lo había elegido. Pasar media hora más en la cantina hablando de bíceps y de análisis de orina no me parecía una buena idea. Podía hacerlo, sólo era cuestión de averiguar qué le picaba a cada uno. En el ascensor lo había conseguido. Pero no me satisfacía, simplemente. Yo quería ganarme mis títulos con exámenes, no con chantajes ni intercambios de favores.

    Me quedé allí, conmigo mismo y con mi música. Y puede que todo aquello no fuesen más que pajas mentales, pero bueno; me las hacía con mi propia polla.

    No me relacionaba mucho con los demás, no. Pero yo al menos, cuando tenía una relación, era para hacer el amor. No para hacerme pajas.

    Projet Bicyclette

    Archivado en Français por adehoces, 4 de Noviembre de 2004

    Comment est-ce possible qu’un individu complètement ignare en matière de software soit capable de diriger un projet sans qu’on se rende compte de son incapacité? Son incompétence ne devrait pas être évidente? Le projet ne devrait pas échouer misérablement? Au contraire, ces individus conservent leur poste pendant des années (normalement jusqu’à la faillite de la boite).

    La clé de ce mystère est dans le projet bicyclette.

    Grosso modo, les phases d’un projet bicyclette sont : Analyse, design, implémentation, phase de test, livraison, révision. Dans la phase d’analyse, le client explique ce qu’il veut, dans la phase de design on donne forme au produit, dans la phase d’implémentation on code, dans la phase de test on vérifie que tout marche bien. Les quatre premières phases peuvent paraître les plus importantes, mais dans un projet bicyclette en fait on peut en faire abstraction sans problèmes. On attend la phase de révision pour s’occuper de tout (mon boulot normalement).

    Dans ces premières phases notre ami manager ne travaille pas (je vous rappelle qu’il en est juste incapable), il essaye simplement de s’en tirer. Jusqu’à la phase de livraison du produit il n’a rien à craindre, il faut juste dissimuler. Mais bien sûr, il faut avoir quelque chose de tangible, quelque chose à montrer à la direction dans les réunions. On sort ça d’ou? On le downloade d’Internet ou on l’achète, simplement. Mettons que le client à besoin d’un système de workflow accessible par web et qui soit scalable. Bon, alors on va sur un chercheur web et on introduit “cheap web-based workflow system java source code download”. On navigue un peu, on cherche un produit avec des couleurs futuristes, on sort la carte de crédit, et voilà. Le projet bicyclette prend forme.

    Ensuite notre ami manager manager désigne une équipe de développement pour les phases deux, trois et quatre. L’expérience lui a montré que pour des projets bicyclette il faut choisir des développeurs aussi demeurés que possible pour qu’ils ne se découvrent pas le pot aux roses.

    On peut commencer à se douter qu’à la table d’à côté un projet bicyclette prend forme quand l’équipe de développeurs-demeurés joue au 69 professionnel. Il s’échangent des commentaires-perles très pompeux, comme par exemple “les canaux d’échange d’information sont très propres”, “le facteur d’usabilité est déterminant dans le design des javabeans”, “j’ai incrémenté le numéro de paramètres du constructor, je t’envoie le point class par mail”, ou “ce JSP contient trois mille lignes parce que j’ai appliqué un patron FACADE d’accès concentré”.

    Deux mois après on arrive à la phase de tests. Évidemment, le produit, c’est de la merde. Mais les tests sont effectués par la même équipe, et nos propres enfants ne sont jamais moches. Alors avec la tête bien haute, on prépare un zip, un manuel d’installation, et toi, Carlitos, livre le produit, moi je ne peux pas, je suis mort de rire. État du projet? Livré. Vendredi soir. Souper de projet. Applaudissements, rires, encore plus de 69. C’est lundi que les surprises vont arriver.

    Illustrons la phase de révision avec un exemple graphique :

    Le projet Porsche

    Arrive le lundi, et tu ouvres le courrier. Sujet : “Problèmes avec le projet Porsche”. Ils ont besoin de toi “deux-trois jours” pour “donner un coup de main” avec “quelques bugs”. Réunion dans un quart d’heure.

    Tu entres dans le bureau. Notre ami manager est là. Il t’explique l’histoire: le projet Porsche est un des plus pointus de l’entreprise (on songe que c’est plutôt un pointeur à null). On a appliqué des techniques novatrices de design et implémentation et on a réussi à livrer un produit qui s’accorde parfaitement aux pétitions du client : une Porsche décapotable, sûre, légère, rapide, de faible consommation et faible coût. Un succès. Dans la phase de révision quelques petites incidences ont été détectées et il faut les réviser.

    Bon. Allons voir la merveille. On entre dans le hangar du projet Porsche, et la créature est là: une bicyclette. De promenade.
    Sans changement de vitesse, rien. Il y a un autocollant derrière la selle avec le logo de la boite et “PORSCHE”. Dans la corbeille il y a un certificat d’AENOR. Là normalement on pique une gueulante et on commence à crier qu’on veut parler avec le directeur, les membres fondateurs, les clients, les actionnaires, le pape de Rome. On veut voir quelqu’un pendu sur la place publique.

    Ce qu’il se passe juste après c’est qu’on t’amène dans un bureau des ressources humaines et on t’applique à nouveau le traitement combiné “Ludovico/Chambre 101″. La nana de RRHH, qui normalement s’appelle Maika ou Yvonne et est habillée avec l’uniforme pantalons noirs et talons aguille, style femme corporative avec master en direction d’entreprises, nous interroge avec sa voix de Valium 500:

    [Yvonne] Monsieur Fuckowski, quelles sont vos plaintes par rapport au projet Porsche?

    [moi] MAIS QUELLE PORSCHE!??

    [Yvonne] Le projet Porsche, un des plus pointus de…

    [moi] Oui oui, je connais l’histoire!! Mais c’est que “ça”, c’est une bicyclette, et on suppose que je dois la transformer en Porsche en deux jours, et on m’a donné un tournevis et un pot de peinture!!

    [Yvonne] Monsieur Fuckowski, c’est vrai que la Porsche présente quelques incidences, mais…

    [moi] BICYCLETTE!! ¡¡BICYCLETTE!!

    [Yvonne] Monsieur Fuckowski, vous traversez une crise personnelle? Il doit y avoir une raison pour votre négativité face au projet Porsche.

    [moi] Non. Je me trouve parfaitement bien. Où je l’étais, avant de voir la bicyclette.

    [Yvonne] Chambre 101, monsieur Fuckowski .

    Chambre 101. Chaise avec harnais. Camisole de force. Logos de la corporation. Certifications de qualité. Projecteur XGA. Écran panoramique qui montre une énorme bicyclette de promenade. Là nous attends le directeur de l’entreprise.

    [directeur] Monsieur Fuckowski, décrivez-nous cette Porsche.

    Je vais vous économiser les détails de la torture, mais elle implique des dissertations sur l’attitude positive, la croyance en la vision de l’entreprise, l’auto-motivation, les petits caractères du contrat. Bref, si tu ne vois pas la Porsche, tu te retrouves à la rue.

    Après la pause on est parfaitement motivé, en train d’assister à une conférence-call entre l’entreprise, représentée par le manager, et le client, représenté par un consultant en costume noir et cravate flashy, embauché hier, qui touche 100 euros de l’heure plus les diètes, et à qui ça n’intéresse pas de dire “votre bicyclette vous pouvez vous la mettre là ou je pense” et gagner 25 euros pour un quart d’heure.

    [consultant] Bon, on va réviser les incidences que présente la Porsche. La première chose que nous avons remarqué c’est qu’il lui manque 2 roues.

    [manager] Oui, on a opté pour le design minimaliste qui va avec notre vision de l’entreprise: “pratique, fonctionnel, optimal”.

    [consultant] Je vois. Mais une Porsche avec deux roues ça ne colle pas avec notre modèle de commerce. On a besoin de quatre roues.

    [manager] Je crois que nous pouvons refactoriser la Porsche et faire un clone pour ajouter deux roues extra, n’est ce pas? -il me regarde.

    [moi] Oui, hahaha!!! Facile!!! Donne-moi une heure.

    [consultant] Parfait. Bon, la deuxième incidence. On ne trouve pas la capote.

    [manager] Oui. Vous vouliez une décapotable, non? Alors on a beaucoup simplifié son utilisation en retirant la capote.

    [consultant] Bien, mais on ne veut pas seulement l’enlever, on veut aussi pouvoir la mettre.

    [manager] Ah. Ça n’est pas spécifié dans vos pétitions initiales, alors on va considérer ça comme une fonctionnalité extra et on va le faire payer séparément. Quel impact représente cette nouvelle nécessité ? -il me regarde à nouveau.

    [moi] Heureusement les interfaces sont très propres, alors on va pouvoir modifier la couche externe sans impacts sur le kernel hahaha.

    [consultant] Parfait. Une autre question, ou sont le contact et les clés ? Tout le monde pourrait nous voler la Porsche.

    [manager] On a choisi le modèle Multi-Utilisateur pour l’implémentation initiale, mais on peut rajouter un module de sécurité, non ?

    [moi] Ouiii !! J’ai justement un module d’encryptage SSL pour Porsche ici !

    [consultant] Brillant. Plus que deux incidences. L’utilisateur doit faire beaucoup trop d’efforts pour compléter les tches sur ce système. Vous pourriez changer les pédales par un moteur ?

    [manager] En principe on voulait donner un maximum de liberté d’action à l’utilisateur, alors on a opté pour un modèle de client lourd.

    [consultant] Bien, mais on trouve que la quantité de travail laissé à l’utilisateur est excessive.

    [manager] On peut arriver à un compromis raisonnable entre la liberté de l’utilisateur et l’automatisation des processus, n’est ce pas ?

    [moi] Tout à fait. On va remplacer le moteur giratoire assisté par pédales par un moteur compatible assisté par pistons. On va peut-être devoir rajouter un module de stockage externe pour le combustible, mais on peut toujours le mettre dans le panier, hahaha.

    [consultant] Je vous rejoins cent pour cent. La dernière : le système n’a pas passé les tests de rendement. C’est stipulé dans les requits que le système doit atteindre les deux cents km/h.m

    [manager] Le rendement peut toujours varier selon la plateforme. Les spécifications de ce système sont « route gelée avec pente de 70 degrés ».

    [consultant] Bien, je vais vérifier quelle plateforme on utilise pour l’exploitation. Mais je crois qu’on va avoir besoin de plus de vitesse.

    [manager] On peut toujours optimiser le kernel, n’est ce pas ?

    [moi] Aussi vrai que je m’appelle Fuckowski.

    [consultant] Très bien messieurs. Ce fut un plaisir de traiter avec vous.

    Trois heures du matin. Un thermos de café. Un pot de peinture, un tournevis. Et une bicyc… une Porsche.

    Traducción:
    Leo Lozes [mail]

    Écouter des conneries

    Archivado en Français por adehoces, 4 de Noviembre de 2004

    Quelle est la partie la plus dure du travail d’un développeur de software? L’architecture, l’analyse fonctionnelle, la partie technique, la programmation? Non. La partie vraiment dure c’est de devoir écouter des conneries.

    Tu reçois un mail de l’IT manager, cet individu qui, selon son curriculum, a “collaboré dans la conceptualisation de projets de convergence” et à été “directeur d’expansion de stratégies de 4ème génération”, et dont le travail consiste à renvoyer les mails des clients aux techniciens et vice versa, et à lire des articles sur Internet pour avoir quelque chose à dire (avec Google et quelques règles d’Outlook la société pourrait économiser 80.000 euros par année). Sujet du mail : “Brainstorming”. Et là tu est déjà baisé.

    Le “brainstorming” ou “orage de cerveaux” c’est (ou devrait être) la réunion dans laquelle tout le monde apporte son talent et son expérience pour trouver les solutions idéales aux problèmes. La réalité c’est que dans l’orage de cerveaux, le manager normalement apporte l’orage et toi tu dois apporter le cerveau. Et dans l’orage, comme dans la rivière agitée, les bénéfices sont pour les pêcheurs. Toi tu réfléchis, trouve et modélise des solutions, c’est bien pour ça que tu voulais être ingénieur. Lui il rafle la médaille, c’est bien pour ça qu’il a fait un master en “strategy business trucmuche”.

    Alors tu arrives méfiant à la salle de réunion. Il est là, avec le portable, la tasse de café et plein de documents (normalement les mails des clients avec leur conditions, c’est-à-dire le vrai problème, et pas un seul mémo en plus qui puisse indiquer qu’il a passé un peu de temps à chercher une quelconque solution).

    Tu sais à quoi tu t’exposes une fois de plus. Il va te demander le typique : “Et maintenant je fais quoi?” mais sans que tu t’en rendes compte. Par derrière. Comme si t’étais un imbécile. Mais ça ne s’arrête pas là : tu vas être le cobaye sur lequel on va expérimenter les derniers discours appris sur les forums ou dans les “cookbooks”, pour que tu les valides ou les rejettes, les corriges, et en définitive aide ton manager à améliorer cette sagesse superficielle, cet “art de feindre d’avoir raison” (voir Schopenhauer) avec lequel cet individut justifie son salaire exorbitant devant la direction (qui normalement ne sait pas distinguer une sardine et un thon.

    Alors tu prends ça comme une affaire personnelle. Il faut expliquer clairement que
    A ) une sardine est une sardine et un thon un thon, autrement dit qu’une idée est une idée et une connerie, une connerie, et qu’on sait les distinguer;
    B ) on peut faire de la démagogie en parlant du sexe des anges ou peut-être d’art abstrait, pas de software;
    C ) on apprend pas dans un forum en une heure ce qui nous a pris quelques bonnes années d’université, quelques autres de boulot, beaucoup de café et autant d’heures supplémentaires;
    D ) un incapable avec un bouquin n’est pas un ingénieur; E ) Un master, une cravate et un PDA c’est joli, mais ça ne donne pas de bon sens à qui n’en a pas.

    La représentation commence. Attachez vos ceintures. Accrochez-vous avec force à vos principes, parce qu’on va vous appliquer le traitement Ludovico ( voir “Orange Mécanique” ). On va vous immobiliser sur une chaise, vous administrer une drogue, accrocher des supports à vos paupières et vous obliger à regarder 2 heures de Power Point. On va vous faire subir des tortures psychologiques avec le double objectif de vous extraire de l’information, et de vous convaincre de réalités alternatives. Ci-dessous je reproduis des fragments réels ( je vous donne ma parole d’honneur ) des réunions avec mon IT manager sur différents projets Java et VB dans lesquels « nous » avons travaillé.

    Perle 1 : Hibernate

    [manager] On utilise quoi pour la couche de données?

    [moi] Utilisons Hibernate

    [manager] Il vaut mieux utiliser des Entity Beans

    [moi] Pourquoi?

    [manager] Les Entity Beans sont J2EE standard, et en plus ils sont dans un pool, Hibernate n’a pas de pool alors il est plus lent.

    Quand j’ai voulu lui expliquer l’énormité qu’il avait dit, les idées ont fusé à une telle vitesse dans ma tête que j’ai subi un choc, et que j’ai du aller me chercher un verre d’eau. Je crois que c’est une technique délibérée d’argumentation, qui devrait s’appeler “la connerie est tellement grande qu’elle devient irréfutable”. Si quelqu’un dit que “Deux et deux égale cinq”, on peut argumenter que c’est quatre. Mais si quelqu’un dit que “Deux et deux est une constellation proche d’Alpha Centauri”, on peut seulement répondre “Mais de quoi tu parles!?”, et on peut te répondre “On voit vraiment que tu n’as pas fait un Master trucmuche”.

    Perle 2 : Easy Upgrade

    Cette fois nous étions réunis avec des clients américains qui avaient acheté notre « application » (pour donner un nom à ce désastre programmé par “un Senior avec 10 ans d’expérience” et que j’ai du maintenir après coup). Le processus d’installation consistait à décompresser un ZIP sur le disque dur et après exécuter un Setup.exe (ça ne marchait pas en installant depuis un CD). Le ZIP contenait les fichiers de la base de données. Chaque fois qu’on leur donnait une nouvelle version, et s’ils ne voulaient pas perdre les anciennes données, il leur fallait renommer l’ancienne base de données, installer la nouvelle version complète (la nouvelle base de données devait être installée obligatoirement, parce qu’une partie de la logique et des ressources de l’application étaient dedans - ne me demandez pas pourquoi, demandez au “Senior”), et ensuite importer quelques tables par scripts (une semaine d’efforts pour que le technicien de la boite japonaise arrive à faire tout ça correctement).

    [client] Vous ne pourriez pas simplifier le processus d’installation?

    [manager] Si, on va créer un processus d’installation qui au début va faire un « diff » comme avec Source Safe et qui va installer juste les fichiers modifiés ou ajoutés.

    Je suis resté là à me demander si cet individu savait que le code source, ça se compile.

    Perle 3 : Interfaces magiques

    Dans cette réunion, « il » était en train de me demander de faire un portail web (une espèce de caddie d’achats avec les services de l’entreprise), et que, pour économiser du temps, je m’en tienne seulement aux nécessités et spécifications du premier client qu’on avait réussi à rouler.

    [moi] Mais, si je crée le portail spécifiquement pour un client, on ne va pas pouvoir réutiliser le code. Tu veux que je modélise la logique de transaction de manière générique, même si ça va me prendre plus de temps?

    [manager] Non, on n’a pas le temps.

    [moi] Alors quand on aura un deuxième client, on va devoir lui faire un portail différent.

    [manager] Non, on va réutiliser celui qu’on va faire.

    [moi] Alors, je le fais générique, non? Plus de temps …

    [manager] Non, fais-le spécifique, mais en tenant compte qu’on va le réutiliser.

    [moi] Voyons, explique-moi avec quelle technique je fais quelque chose de rapide et spécifique, mais réutilisable.

    [manager] Fais simplement des interfaces propres.

    Je me suis demandé si ça existait, un “Mr.Proper design pattern”. Ensuite je lui ai demandé qu’il m’explique comment faire une logique spécifique qui implémente une interface valide pour tout le monde, et si on arrivait à faire ce miracle (quelque chose comme définir un standard genre JDBC et créer des drivers différents), à la fin on n’allait réutiliser rien d’autre que l’interface (une demi-heure de boulot?), donc ça revenait au même. Son discours de réponse est impossible à reproduire.

    Perle 4 : Override autoincremental keys

    Cette fois il s’agissait de modéliser une logique de commerce transactionnelle qui opérait sur deux systèmes différents, un workflow et un software de budgets (chacun avec son API). Il fallait les associer de manière à ce que, quand un client sollicite un budget, une nouvelle tche se créée dans le workflow et un nouveau budget soit associé à celle-ci.

    [moi] Eh bien on doit créer une méthode qui commence une transaction, ajoute une tche au workflow, garde l’ID, puis ajoute un budget, garde l’ID, fasse la relation entre les deux ID dans une base de données et fasse “commit”.

    [manager] Pour économiser du temps fais en sorte que l’ID de la tche et l’ID du budget soient toujours identiques, et comme ça on ne doit pas faire la relation (ça pourrait déjà être la perle nº4, mais non, ça ne s’arrête pas là).

    [moi] Même si on pouvait spécifier nous-même les clés, on devrait savoir quels ID on a déjà utilisé pour pouvoir générer les nouveaux, c’est qui est plus coûteux qu’associer deux IDs. Mais en plus les clés on ne peut pas les spécifier nous-même, dans le workflow et les budgets, les clés sont des champs auto-incrémentables.

    [manager] Mais il y a un mécanisme dans les Entity Beans qui laisse choisir les clés des registres qu’on rajoute.

    Après le choc j’ai commencé à m’imaginer le mécanisme:

    EntityBean: InsertTaskWithKey(55)
    DataBase:SQLException:KeyViolation
    EntityBean:PuisqueJeTeDisQueInsertTaskWithKey(55)
    DataBase: Bon D’accord.

    Perle 5 : Java Word Parser

    Des fois les utilisateurs dudit portail de services uploadent des fichiers en format Word pour que l’entreprise (qui s’occupe principalement de la localisation de contenu) les traduise en différentes langues. On doit pouvoir estimer le coût de la traduction automatiquement pour pouvoir donner un budget au client de façon immédiate. On doit juste compter le nombre de mots du document et le multiplier par le prix par mot établi.

    [manager] Comment on peut automatiser les budgets?

    [moi] Je dois chercher une librairie java pour parser des fichiers doc, l’intégrer convenablement au portail et créer une fonction qui me rende le nombre de mots.

    [manager] On va faire quelque chose plus rapidement. On peut réutiliser les macros de Word que le département d’Evaluation utilise.

    Facile. On a juste besoin d’un “Enterprise Word Server” qui marche sur Solaris, qui puisse s’installer en cluster, et auquel on puisse accéder par RMI.

    J’espère juste qu’avec ces exemples le monde comprenne ma souffrance. À la prochaine.

    Traducción:
    Leo Lozes [mail]

    Fuckowski y el sexo

    Archivado en Fuckowski, memorias de un ingeniero por adehoces, 1 de Noviembre de 2004

    I.

    Fui despertando poco a poco. La luz del atardecer se derramaba roja por entre las cortinas. Eché una mirada a mi alrededor. Mi apartamento, tal y como a mí me gustaba verlo: toda nuestra ropa desperdigada por el suelo, su minúsculo tanga al pie de la cama, varias latas de cerveza vacías; en la papelera, tres preservativos usados, cada uno con su nudo al extremo. Bueno, la verdad es que al tercero no le habría hecho falta el nudito, porque iba sin grumo.

    Ella desnuda a mi lado. Luz de mis días, calor de mis noches, metro setenta de dulzura recubierto de rubia sedosa. Tenía un poco el chocho de oro, pero yo la quería; y ella a mí también. Estábamos muy compenetrados. Después de c