Teddybear Consulting
Hace poco volvía del trabajo en tren, meditando sobre diferentes aspectos trascendentales de mi existencia (en qué me he equivocado, de dónde sale tanto inútil, a qué huele un recurso humano…) cuando intercepté una conversación mantenida en los asientos contiguos:
-Entonces, ¿cómo os ha ido el año fiscal?
-Nada mal, hemos facturado casi un 15% más que el año anterior.
-Pues nosotros hemos mantenido el nivel de crecimiento.
Las voces venían de detrás de dos ejemplares de revistas de economía. Vaya, -pensé- ahí tenemos a dos grandes directivos. De esos que hablan de millones de euros como el que habla de irse de tapas, de los que deciden hoy las tendencias de los mercados de mañana, de esos que…
-Bueno, hasta luego Javi, yo me bajo aquí que voy a clase de badminton
-Venga, nos vemos Fran…
Eran dos chavales enfundados en trajes que les quedaban grandes. Aún presentaban restos de acné.
Sus tarjetas identificativas rezaban: Javier Maneras, Bibiandersen Consulting, Junior Consultant; Francisco Minglanillas, Teddybear Point, Junior Consultant.
Javi salió del tren. En una mano su revista financiera, en la otra una bolsa con un yogur líquido y una pera. Se perdió entre la gente caminando con esa rectitud característica del empleado satisfecho de gran multinacional, tal que si llevara una escoba metida por el culo. Minglanillas volvió la mirada a su panfleto con una media sonrisa tipo “psé.. a ver que pone aquí.. pero vamos que ya me lo se…”
Hemos facturado. Nosotros. La corporación. Ya no hay más yo, ahora sólo hay nosotros. El plural corporativo. “Yo curro, tu curras, él cobra, nosotros facturamos, vosotros facturáis, ellos viven de puta madre”. Y todos tan contentos.
¿Cómo se las apañan estas grandes compañías para tener a la mayoría de sus empleados trabajando sin hora de salida, muchas veces de lunes a domingo, con salarios inicialmente míseros que crecen bastante más despacio que el stress, y aun así autosatisfechos, corporativizados y mineralizados? ¿Drogas, hipnosis? ¿Método Ludovico, Habitación 101?
No. No es necesario. Sólo se necesita aplicar el principio de la corporación americana: tratar al empleado como si fuese un cliente. ¿Y cómo se trata al cliente? Encendamos un momento el televisor: “con tu móvil Cadena hoy ya eres un poco más libre… Hostias padre Benito ¿A ti cuántas te daban?… Mecheros Inmolator, la chispa de la vida…”
Efectivamente. Al cliente se le trata como si fuese gilipollas; al empleado también. Y funciona. Funciona de maravilla…
Viernes, 8:45 AM, Oficinas de Teddybear Point Consulting. Director técnico al teléfono con un cliente.
[director] ¿¡¡MESAS!!? No, no, de mesas nada. Si lo que queréis son mesas las compráis en Ikea. Nosotros lo que os ofrecemos son superficies cuadrúpedas de despliegue y explotación compatibles dot NET y J2EE, con sistema de sincronización de filostros y derivación de forlayos. ¿Que no necesitáis tanta tecnología? Bueno, no es eso lo que piensa vuestra competencia. No sabes la que se avecina en el sector… créeme, nuestros últimos análisis indican que en tres meses todo modelo de negocio que no contemple la derivación de forlayos en sus superficies cuadrúpedas va a quedar obsoleto. No querréis quedaros fuera, no… Sí, sí, exactamente… considéralo una inversión a medio plazo. Invertir en forlayos es posicionarse en el mercado del mañana. ¿Para el lunes? Sí, no te preocupes, te mando a nuestro mejor analista… Okey. Hasta pronto.
Colgó el teléfono y accionó el intercomunicador:

[director] Maika, buenos días, hazme un favor: llámame al despacho a algún Junior con la hora de overtime a menos de 15 euros. Si, ahora mismo. Gracias.
[megafonía] Don Francisco Minglanillas, don Francisco Minglanillas, acuda a dirección…
Fran salió de su cubículo, se apretó el nudo de la corbata y se introdujo su mejor escoba. A los cinco minutos estaba entrando al despacho del director, que le esperaba con los brazos abiertos y una enorme sonrisa de dientes puntiagudos.

[director] ¡Señor Minglanillas! Póngase cómodo… Ha surgido una gran oportunidad e inmediatamente hemos pensado en usted. Se trata de un proyecto de superficies cuadrúpedas.
[Minglanillas] ¿Filostros y forlayos?
[director] Excelente. Sabíamos que era usted el candidato ideal. Le vamos a pedir un pequeño sacrificio, señor Minglanillas. El proyecto tiene que estar listo para el lunes.
[Minglanillas] Cuente con ello.
[director] Excelente. Sabíamos que estaría usted a la altura. Considérelo una inversión a medio plazo: los expertos en filostros de hoy son los analistas de mañana.
[Minglanillas] Una cuestión: todo proyecto de superficies cuadrúpedas requiere de una logística inicial. ¿Está ya preparada?
[director] Ah sí. Las mesas. Cómprelas usted esta misma tarde en Ikea.
Minglanillas salió del despacho repitiéndose mentalmente: Analista, analista, analista… Tenía una erección. Buscó un rato por internet y descargó dos archivos .pdf: “Filostros in a Nutshell” y “A qué huele un forlayo”.







Se intercambian comentarios-perla muy pomposos, tales como “los canales de intercambio de información son muy limpios”, “el factor usabilidad es determinante en el diseño de los javabeans”, “ya he incrementado el número de parámetros del constructor, te mando el punto class por mail”, o “este JSP tiene tres mil líneas porque he aplicado un patrón FACADE de acceso concentrado”.
Sin cambio de piñón ni nada. Lleva una pegatina detrás del sillín con el logo de la empresa y la palabra “PORSCHE”. En la cesta va un certificado de AENOR. Aquí uno normalmente monta en cólera y empieza a gritar que quiere ir a hablar con el director, los socios fundadores, los clientes, los accionistas, el papa de Roma. Uno quiere ver a alguien colgado en la plaza pública.
Certificaciones de calidad. Proyector XGA. Pantalla panorámica que muestra una enorme bicicleta de paseo. Allí nos espera el director de la empresa.
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